miércoles, 27 de septiembre de 2017

Ayotzinapa. Palabra, fotografía e Instalación como grito de denuncia y Memoria Colectiva

Ponencia presentada el 25 de septiembre en el Cuarto Encuentro Nacional Interuniversitario de Investigación Humanística. Centro Cultural Universitario. UMSNH.




Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia".
José Saramago.

Con Calderón se extraviaba o desaparecía un mexicano cada cuatro horas con cinco minutos; con Peña Nieto ello ocurre cada hora con 52 minutos.
Datos del RNEPD[1].

Nombrar a los desaparecidos para combatir el olvido ha sido una práctica de resistencia en las historias recientes de los pueblos indígenas y no indígenas que siguen sufriendo ataques selectivos y desapariciones forzadas. Hoy sabemos que es necesario alzar la voz de inmediato, no solo mediante la palabra oral o escrita, sino en todas sus formas: como acción, como imagen y mediante la utilización de los nuevos medios.
Esta necesidad de mantener viva la memoria con la finalidad de conservar los vínculos con el pasado o de superar los traumas vividos, se ha visto reflejada en el lenguaje artístico de diversas maneras, mediante diversos recursos además de los verbales. La narración de los recuerdos, de la información que se tiene sobre el pasado, se puede materializar utilizando recursos como la fotografía, los audiovisuales o los documentos que muchas veces provienen de archivos familiares o institucionales. Ana María Guash habla de una “…generación de artistas que comparten un común interés por el arte de la memoria, tanto la memoria individual como la memora cultural, la memoria histórica”. Se refiere a los artistas que se valen del archivo para “transformar el material histórico oculto, fragmentario o marginal en un hecho físico y espacial…”, como una forma de vencer al olvido ”en el mundo después de Auschwitz y del Holocausto” (Guash, 2005: 158).
El mundo después de los miles de desaparecidas y desaparecidos durante las dictaduras en América Latina, agregamos nosotros. Como la que se inició en Chile el 11 de septiembre de 1973 con el golpe militar contra el presidente Salvador Allende,  que puso fin a la democracia e instauró un régimen de terror presidido por el general Augusto Pinochet[2] y que duraría 17 dolorosos años.[3]
 
Fotografía de la autora
Y no sólo el archivo, el Arte de la memoria se vale de otras formas, algunas ya tradicionales y otras muy novedosas. En el aniversario número 40 del golpe de Estado en Chile se realizaron en este país una serie de actividades artísticas y político-culturales: presentación de cine y videos que durante mucho tiempo estuvieron prohibidos, conciertos, obras de teatro, exposiciones formales de arte, mesas redondas, coloquios, presentación de libros. Además de actividades espontáneas como: pegas de obra gráfica en las paredes de los mercados —los encontré alguna mañana por el camino que recorría hacia el metro-tren— que día con día iban siendo desprendidos, lo que sin embargo no borraban del todo el mensaje, como los años de terror no lograron borrar la memoria histórica del pueblo— carteles en las paradas de autobús o en los parques, murales callejeros. La necesidad de memoria se expresó en todo el país mediante el color, la estampa, la música y el audiovisual.


         Carteles pegados en las paredes de un viejo mercado en Santiago de Chile. 

Fotografía de la autora.
Fotografía de la autora.
     
Resalto una instalación realizada por tres jóvenes —adolescentes aún— apoyados por un adulto quienes el 11 de septiembre de 2013 colocaron frente al Palacio de La Moneda —sede del gobierno que fue atacada por el ejército de Pinochet un día como ese 40 años atrás, y donde murió el presidente Salvador Allende: se suicidó, dicen algunos, lo asesinaron, creen muchos otros—. La instalación consistió en el sencillo y paciente acto de colocar sobre la explanada que da al frente de La Moneda, un gran número de pequeños soldados de plástico y algún helicóptero también de plástico, hasta formar una alineación típicamente militar. Los soldados se dirigen y apuntan sus armas hacia el Palacio, como lo hicieron aquella madrugada 40 años atrás, y hacia la gente que pasa al frente, ¿Simbolismo casual? O tal vez mantener el alerta de que puede volver a pasar. Al pie de la instalación sus jóvenes realizadores colocaron el siguiente mensaje junto con la fotocopia de la fotografía de una pareja (sus padres, en el caso del adulto, y abuelos en el caso de los adolescentes, quizá), con la interrogante: ¿DÓNDE ESTÀN?:

 



            Fotografías de la autora.




 
                   

Los soldaditos de nuestra infancia
son distintos a los militares de la niñez de nuestros padres
los aviones no eran de papel
sino hauker hunter
el ejército no era un juguete
era terror
ellos crecieron sin jugar
nosotros jugamos sin crecer
su época fue de piedra, metal y fuego
                la nuestra es de plástico.


 

La silueta como evocación de Ausencia.

El 21 de septiembre de 1983, cuando ya el régimen argentino de facto se encontraba en sus últimos estertores y la gente poco a poco iba enfrentando sus miedos, un grupo de artistas visuales —Rodolfo Aguerreberry, Guillermo Kexel y Julio Flores—, estudiantes y agrupaciones de jóvenes, con el apoyo de organismos de Derechos Humanos, se sumó a las acciones de las madres de la Plaza de Mayo con una propuesta artística al aire libre que consistió en la realización colectiva de 30 mil siluetas en tamaño natural, elaboradas por las propias personas que acudieron a la convocatoria y que prestaron sus cuerpos para rememorar a los 30 mil desaparecidos que la dictadura había dejado hasta ese momento. Las siluetas se extendieron de la plaza de Mayo hacia todos los puntos de la ciudad en una acción fuertemente simbólica. El siluetazo fue una especie de archivo para la memoria que se sumó a la fotografía que durante años habían utilizado las madres en sus reclamos como una forma de “hacer visible lo invisible”.
Los artistas llevaron a la plaza “innumerables rollos de papel madera, toda clase de pinturas y aerosoles, pinceles y rodillos” y unas 1500 siluetas ya hechas. También plantillas para generar una imagen uniforme. Desde entonces, la plaza se convirtió en un improvisado y gigantesco taller de producción de siluetas, hasta pasada la medianoche. Fueron las Abuelas las que señalaron que también debían estar representados los niños y las mujeres embarazadas. Kexel se colocó un almohadón en el abdomen y trazaron su silueta de perfil. Su hija sirvió de molde para la silueta infantil. Los bebés se hicieron a mano alzada. (Longoni, 2006: 30).




Fotografía de la autora.
Fotografía de la autora

Resultado de imagen para El siluetazo
Imágenes de El Siluetazo durante "la toma"  de la Plaza de mayo el 21 de septiembre de 1983, en el marco de la III Marcha de la Resistencia. Fotografías tomadas de la web.

A más de treinta años de la vuelta de la democracia en Argentina, las abuelas de la Plaza de Mayo aún mantienen vigente la memoria de sus hijos(as) y nietos(as) desaparecidos(as). A su lucha se ha sumado la de los hijos e hijas de los desaparecidos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (H.I.J.O.S.) que desarrollan sus propias actividades para mantener viva la Memoria de sus progenitores.
En cuanto a lo que sucede en la actualidad en México y en relación a la ya no tan reciente desaparición de 43 jóvenes estudiantes normalistas, entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014 (que cumple ya 3 años), y el asesinato de 3 jóvenes más, estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos, ubicada en Ayotzinapa[4], en el estado de Guerrero, que en su mayoría son de origen indígena; los zapatistas pidieron a sus padres cuando decidieron recorrer el país en demanda de verdad y justicia: “no dejen caer su palabra./ No la dejen caer./ No la desmayen,/ Háganla crecer para que se levante por encima del ruido y la mentira./ No la abandonen porque en ella anda no sólo la memoria de sus muertos y desaparecidos, también camina la rabia de quienes abajo son ahora para que los de arriba sean…” (Subcomandante Moisés, 15 de noviembre de 2014). A la palabra de los padres y familiares de los estudiantes desaparecidos, se han sumado las voces de estudiantes y sociedad civil del mundo, así como una abundante producción de acciones y carteles que responden a la premura del tiempo pero que sin embargo en algunos de ellos, desde nuestro particular punto de vista se pueden identificar elementos artísticos. Destaco algunos: 
Instalación realizada por estudiantes en el patio de alguna Universidad. Fotografía tomada de la web.
 
La primera es una instalación realizada por estudiantes universitarios quienes colocaron en el patio de su Facultad 43 pupitres sobre los que colocaron las fotografías de cada uno de los normalistas desaparecidos. Se trata de una instalación cuya fuerza radica en su sencillez, en la utilización de dos elementos que contienen una carga semántica que habla por sí misma: pupitres escolares y fotografías, añadirle algo más solamente le restaría potencia al mensaje. La fotografía por sí misma es un testimonio de que un hecho tuvo lugar, de que esa persona existió-existe, de que ya no está donde debiera y de que tiene una familia que la espera. La fotografía como testimonio de la existencia real de personas desaparecidas (que no ausentes, porque se les arrebató de sus hogares de forma forzada y se desconoce su destino, lo cual desgarra no solamente a su familia sino a una sociedad entera) es, por desgracia, un recurso cada vez más utilizado. Sobre el uso de la fotografía como testimonio de existencia, Nelly Richard señala:
…El álbum fotográfico es, tradicionalmente, el soporte ritual de una composición de grupo que se basa en la familia como principal unidad narrativa. Exhibir en la calle estas fotos arrancadas del álbum que muestra a sujetos arrancados de sus familias, tal como lo hacen los familiares de desaparecidos: desviar estas fotos de su ritualidad privada para convertirlos en activo instrumento de protesta pública, permite también comprobar que lo “nacional” —extensión simulada de lo “familiar”— no es sino una parodia de unidad hecha de cuerpos lesionados y de identidades truncadas… (Richard, 2006:168) 
Historias que se repiten. Si bien Richard se refiere a los miles de desaparecidos durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, sus reflexiones pueden ser aplicadas a los casos de detenidos-desaparecidos que desde entonces hasta ahora se multiplican en Latinoamérica y el mundo. La instalación a la que nos referimos no fue reivindicada como una obra de arte, a pesar de lo cual expresa la creatividad que los jóvenes universitarios en particular y el movimiento social en general han demostrado desde la segunda década del siglo XX. Fotografía y silueta siguen siendo un testimonio vivo de existencia. Observar el rostro del desaparecido llevó a mucha gente en Argentina a enterarse de que sus compañero(a)s, sus amigo(a)s habían sido arrancados de la tibieza de su hogar. A muchas madres y familiares de otro(a)s desaparecido(a)s los animó a sumarse a las primeras iniciativas de denuncia y protesta. Los rostros dicen mucho de la persona, quizá por esta razón los verdugos de los normalistas de Ayotzinapa, después de torturar y asesinar al joven Julio César Mondragón, lo arrojaron a la calle con el rostro desollado y sin ojos, querían borrar su huella pero querían también y sobre todo, que todo mundo se enterara de lo que puede sucederle a los desobedientes.
…los rostros de los detenidos-desaparecidos (...) llevan impresos estos sometimientos fotográficos y corporales al dispositivo del control social que, después de identificarlos y vigilarlos, se dedicó a borrar toda huella de identificación para que la violencia no dejara rastro de ejecución material ni huella de autoría. (Richard, op cit: 167). 
Algo sumamente preocupante es que en el caso que Richard analiza, estas detenciones-desapariciones, este identificar y vigilar, este borrar toda huella de identificación para no dejar rastro, se estaba dando en un régimen dictatorial, mientras que el caso de los estudiantes detenidos-desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero, México, se da en una aparente democracia que sin embargo muestra cada vez más los inhumanos rasgos de una dictadura.

Fotografía tomada de la web.
Otro ejemplo sobre la fuerza de la imagen para nombrar, es el cartel No sólo es Ayotzinapa, en el que se observa el grito de una joven cuyo rostro se encuentra enmarcado, siguiendo el volumen de su cabellera, por contundentes datos sobre los diversos ataques que las fuerzas de seguridad federales han realizado sobre la población inerme a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI [5]. Al igual que en el caso anterior, el mensaje se envía mediante una economía de recursos visuales que hablan más que el discurso oral. Con este recurso visual, el grito y el mensaje emitido adquieren una resonancia internacional puesto que la imagen ha circulado ya por las redes sociales. Un rostro anónimo de una joven que podría ser el de cualquier persona en cualquier parte del mundo que demanda justicia, hoy que la criminalización de la juventud está tan de moda en el orbe. 
 
Sin embargo, la fotografía y el cartel, con ser un importante medio visual de denuncia, necesitan ser completados nombrando a los detenidos-desaparecidos. Nombrar al desaparecido es fundamental para mantener la memoria, para no permitir que muera en el olvido, que se convierta en una cifra más dentro de los expedientes policiales. Eso es lo que han hecho los familiares de las víctimas de Ayotzinapa (víctimas ellos mismos) que se negaron a callar, a admitir “la verdad histórica” planteada por el titular de la Procuraduría General de la República Jesús Murillo Karam quien afirmó que los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa fueron “privados de su libertad, privados de la vida, incinerados y tirados al río. En ese orden. Ésta es la verdad histórica de los hechos…”; negándose al mismo tiempo a “superar el dolor” y aceptar las dádivas con las que Peña Nieto intentara cerrar el caso[6].
Lejos de aceptar ese argumento sin bases, los familiares han nombrado a cada uno de los desparecidos para sostener en México y el mundo su propia verdad: la certeza de que sus hijos o hermanos continúan con vida y se encuentran en manos del Estado al que exigen su presentación. Mucha gente en el mundo se ha hecho eco de esta necesidad de nombrar. Un ejemplo de ello es el Video de Apoyo a Ayotzinapa, producido por Al tiro Media, en el que un grupo de 43 personas, tanto chilenas como mapuche de diverso sexo y edad, dan vida a cada uno de los 43 desaparecidos, nombrándolos al tiempo que muestran su rostro; entre los participantes: trabajador@s de diversos rubros incluyendo al arte y la comunicación, podemos distinguir a los poetas mapuche Rayen Kvyeh y Elicura Chihuailaif. Un ejemplo de que las rebeldías y la solidaridad, como los lenguajes del arte son globales, al igual que lo son las formas represivas del poder. En la presentación, los realizadores escriben: “Este video es un trabajo colectivo, en el que personas en distintos lugares de Chile pusieron su esfuerzo, su tiempo, su energía y su compromiso para enviar un mensaje solidario a Ayotzinapa, (…) nace para reclamar justicia, luchar contra el olvido y exigir el fin de la desaparición forzada en Iguala, en todo México, en América Latina y en el mundo. Enlace:https://vimeo.com/117278312 
Exposición en Götemburg.
Fotografía tomada de la web.
Menciono un ejemplo más: el 18 de abril de 2015, durante la gira que los familiares de los normalistas de Ayotzinapa realizaron por Europa, artistas de diferentes países  se sumaron a las voces de denuncia por la desaparición forzada de los jóvenes normalistas y en contra de la violación a los derechos humanos en México, mediante la realización la exposición plástica ¿Dónde Están?, en Göteborg, Suecia.
Por su parte, en el año 2015, el creador visual Francisco Toledo realizó 43 cometas con los rostros impresos de los normalistas desaparecidos, los cuales fueron presentados en el Museo de la Memoria y la Tolerancia de la Ciudad de México, además de que en el año 2106 se presentaron también en la galería El Ocote, en Juchitán Oaxaca, durante la exposición Carteles por Ayotzinapa, que fue convocada también por el artista. 

     
43 papalotes elaborados por el pintor oaxaqueño Francisco Toledo en el año 2015.

Para luchar contra el olvido y como una forma de mantener con vida a esos 43 jóvenes que se suman a los ya más de 30 mil desaparecidos que dejan en México los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto, al cumplirse 1 año de tan fuerte represión, el Colectivo Utopía radicado en Morelia, llevó a la calle la Instalación artística ¡VIVOS!, consistente en la silueta de 43 jóvenes en actitud casual (como es la actitud de quien no imagina que en el segundo siguiente pasará a ser parte de las miles de víctimas de este sistema de terror que se nos ha venido imponiendo) con los rostros impresos de cada uno de los estudiantes. La mencionada instalación quiere ser una loa a la vida y la libertad de expresión, así como un exhorto a presentar con vida a los normalistas, a no olvidar, a mantener viva la Memoria. Esta Instalación ha sido presentada sucesivamente en diferentes plazas de la ciudad de Morelia, durante los años 2015, 2016 y 2017, al cumplirse un año más de tan terrible hecho.

Fotografía de El Compa Arce. 2016.
           
    ¡VIVOS!
Instalación Colectivo Utopía



Fotografía de la autora, 2017

Fotografía de la autora, 2017.


         
Fotografía de René Gómez, 2015.



Para cerrar esta intervención y con la propuesta de nombrar para no olvidar, me voy a permitir mencionar los nombres de cada uno de estos 43 estudiantes desaparecidos:

Abel García Hernández / Abelardo Vázquez Peniten / Adán Abraján de la Cruz / Antonio Santana Maestro / Benjamín Ascencio Bautista / Bernardo Flores Alcaraz / Carlos Iván Ramírez Villarreal / Carlos Lorenzo Hernández Muñoz / César Manuel González Hernández / Christian Alfonso Rodríguez Telumbre / Christian Tomás Colón Garnica / Cutberto Ortiz Ramos / Dorian González Parral / Emiliano Alen Gaspar de la Cruz / Everardo Rodríguez Bello / Felipe Arnulfo Rosas / Giovanni Galindes Guerrero / Israel Caballero Sánchez / Israel Jacinto Lugardo / Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa / Jonás Trujillo González / Jorge Álvarez Nava / Jorge Aníbal Cruz Mendoza / Jorge Antonio Tizapa Legideño / Jorge Luis González Parral / José Ángel Campos Cantor / José Ángel Navarrete González / José Eduardo Bartolo Tlatempa / José Luis Luna Torres / Jhosivani Guerrero de la Cruz / Julio César López Patolzin / Leonel Castro Abarca / Luis Ángel Abarca Carrillo / Luis Ángel Francisco Arbola / Magdaleno Rubén Lauro Villegas / Marcial Pablo Baranda / Marco Antonio Gómez Molina / Martín Getsemany Sánchez García / Mauricio Ortega Valerio / Miguel Ángel Hernández Martínez / Miguel Ángel Mendoza Zacarías / Saúl Bruno García / Julio César Mondragón Fontes / Daniel Solís Gallardo / Julio César Ramírez Nava / Alexander Mora Venancio.

¡VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!



BIBLIOGRAFÍA:

Guash, Anna María, Los lugares de la memoria: el arte de archivar y recordar,  Passatges del segle XX, Barcelona, Spain Materia: Revista D`Art  2005, pp 157-183. http://globalartarchive.com/anna-maria-guasch/recent-work/los-lugares-de-la-memoria-el-arte-de-archivar-y-recordar/ Consulta: 20/11/2014.
Longini, Ana, “Fotos y siluetas: políticas visuales en el movimiento de Derechos Humanos en Argentina”, en Alternain Journal, 2006.
Mayorga, Patricia, “Desaparecidos: la eterna pesadilla familiar, en el documental “En algún sitio””, 24 de enero de 2014, en Proceso.com. Consulta 15/11/2014 en http://www.proceso.com.mx/363136/2014/01/24/desaparecidos-la-eterna-pesadilla-familiar-en-el-documental-en-algun-sitio/d
Richard Nelly, Políticas y estéticas de la memoria, Santiago de Chile, Cuarto propio, 2006, 259 pp.
Subcomandante Moisés, Palabras de la Comandancia General del EZLN al terminar el acto con la caravana de familiares de desaparecidos y estudiantes de Ayotzinapa, en el caracol de owentic, 15 de noviembre del 2014, en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2014/11/15/palabras-de-la-comandancia-general-del-ezln-en-voz-del-subcomandante-insurgente-moises-al-terminar-el-acto-con-la-caravana-de-familiares-de-desaparecidos-y-estudiantes-de-ayotzinapa-en-el-caracol-d/ Consulta 16/11/2015.



[1] Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas.
[2] Augusto Pinochet Ugarte (Valparaíso, 1915-Santiago de Chile, 2006) General que se hizo con el poder mediante un golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende. Instauró un régimen dictatorial que se prolongaría a lo largo de 17 años durante los cuales la persecución, la tortura, la desaparición, los campos de concentración, el miedo…, fueron pan de cada día para la oposición política. Abandonó el poder obligado por la decisión mayoritaria del pueblo chileno que en un  Plebiscito nacional realizado el 5 de octubre de 1988, votó por el “NO a Pinochet”, con un 55.9% de los votos válidos.
[3] Sobre los hechos ocurridos durante la dictadura militar en Chile, el sociólogo chileno Tomás Moulian, en su libro, Chile Actual: anatomía de un mito, realiza “un “salto hacia atrás de 23 años, hacia septiembre de 1973;…” para presentar una mirada de esos 23 años que incluyen los 17 trascurridos en dictadura. Argumenta que el Chile de estos tiempos es la continuidad de esos años gracias al “transformismo” basados en el “blanqueo” y el olvido. (Moulian, 2002, 3ª. Edición). Por su parte, Nelly Richard es editora del libro Políticas y estéticas de la memoria, que recoge las voces diversas y heterogéneas desde diferentes disciplinas que tienen en común recorrer “los escenarios de la memoria” para “descifrar las ocultas técnicas de la desaparición de las huellas físicas de los cuerpos” como una forma de borrar igualmente su recuerdo. (Richard, 2006).
[4] Ayotzinapa es una población de origen náhuatl, ubicada en el estado de Guerreo, cuyo nombre significa: río de calabacitas. Entre la noche del 26 y el día 27 de septiembre de 2014, los jóvenes normalistas que se dirigían a conmemorar la masacre estudiantil de 1968; fueron interceptados y atacados por las fuerzas policiales y el ejército mexicano coludidos con el crimen organizado, dejando un saldo de 6 muertos y 43 desaparecidos. No es la primera vez que sucede un acto así, las normales rurales son constantemente agredidas. Abraham A. Rasgado Gonzáles hace un excelente resumen titulado “¿A dónde irán nuestros normalistas?” publicado en su blogg, en diciembre de 2013, cuando fueron asesinados 3 estudiantes de la misma normal de Ayotzinapa.
[5] Para ampliar la información sobre este tema, se puede leer el artículo de Raúl Jardón, “La represión en México: 1950-1971”, en Rebeldía num. 2. pp. 57-65.
[6] "Quiero convocarles para que con su capacidad, con su compromiso con su estado, con su comunidad, con sus propias familias, hagamos realmente un esfuerzo colectivo para que vayamos hacia delante y podamos realmente superar este momento de dolor", CNN México, http://mexico.cnn.com/nacional/2014/12/04/pena-nieto-guerrero-visita-plan-seguridad-ayotzinapa-43-normalistas

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