miércoles, 17 de agosto de 2016

Reflexión presentada en el Festival ComArte por la Humanidad organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional


Arte símbolo y resignificación de la palabra en el movimiento zapatista.



Antes que nada quiero agradecer a las compañeras y los compañeros zapatistas el maravilloso ejemplo de vida y compromiso que nos han obsequiado a lo largo de más de 22 años y por brindarnos junto con las y los compañeros, compañeras del CIDECI-Unitierra la oportunidad de encontrarnos en este espacio en el que se palpa, se respira dignidad. Es un honor compartir tiempos y espacios con ustedes compañeras y compañeros. 
Quiero también aclarar que no soy una intelectual, que solía ser un poco más  hábil con las manos que con la mente, quizá por eso entre la literatura y las artes visuales me decidí por las segundas, aunque de cuando en cuando escribo algunas reflexiones sobre los asuntos que me motivan, como es el caso del zapatismo que desde su surgimiento ha sido un tema muy inspirador no sólo por la buena nueva que nos trajo aquel 1º de enero cuando el capitalismo se vanagloriaba del “fin de las ideologías” y se presentaba como la única vía posible para la humanidad, sino sobre todo por la frescura de sus lenguajes que sin restar radicalidad a sus propuestas políticas se nos fueron develando poco a poco pasados los primeros días de fuego.
Hablo de lenguajes porque además de la palabra oral y escrita, las imágenes que a través de la prensa recibimos desde su primera aparición pública nos mostraban algo más que a un grupo de mujeres y hombres armados. Además de la elocuencia verbal de su vocero el finado Subcomandante Marcos (Im. 2) los zapatistas nos revelaron un lenguaje corporal, gestual y visual igualmente elocuentes, las miradas detrás de los pasamontañas y paliacates dejaban ver la inteligencia, el valor y la decisión de quienes los portaban, al tiempo que nos interpelaban, nos escuchaban y medían nuestras reacciones como sociedad civil.


El Subcomandante I. Marcos, el 1o. de enero de 1994 en S. C. de las Casas.

Las fotografías de los Comandantes zapatistas durante los diálogos en la Catedral de San Cristóbal enfundados en su uniforme café y negro o verde y café o con sus ropas tradicionales nos mostraron la diversidad que compone al EZLN  al tiempo que sembraron en quien esto escribe la inquietud de que además de la ética como eje central, existe una fuerte presencia estética en este movimiento, lo que se fue reafirmando a lo largo del tiempo al atestiguar por medio de la prensa o personalmente, la capacidad creativa y organizativa que l@s zapatistas han mostrado en cada una de las actividades a las que convocan a las “sociedades civiles”. (Im. 3).



La delegación zapatista durante los diálogos en 1996.

Esta diversidad de lenguajes utilizados por el zapatismo ha sido motivo de reflexión constante en nuestros intentos por aclararnos lo que consideramos está siendo una resignificación de la palabra, extendiendo el término palabra a las expresiones artísticas: pintura, poesía, teatro, música y video surgidos al calor del movimiento zapatista, y aún a las formas de expresión que no necesariamente llevan una intención artística pero que sin embargo presentan una carga estética que podría perfectamente insertarlas en el terreno del arte si esta fuera su intención.
La hipótesis de la que he partido es la de que a partir de la última década del siglo XX el movimiento social indígena encabezado por el movimiento zapatista comenzó a abrir una senda hacia la resignificación de la palabra, dando con esto un paso más adelante al realizado por los jóvenes en el movimiento estudiantil de 1968 en Francia y otros países del mundo, en el que a decir de Michel de Certeau, se “tomó la palabra” pero al no cambiar los códigos ésta fue fácilmente recuperada por el poder. Hoy los pueblos indígenas de América Latina encabezados por el EZLN están intentando deconstruir los códigos con los que nos hemos formado en el sistema capitalista para dotarlos de un sentido diferente y/o concebir nuevos signos de comunicación basados en la concepción de un mundo nuevo, un mundo justo y humano en el que las diferencias no sean motivo de exclusión para nadie. Estos pueblos indios que a pesar de las adversidades que han tenido que enfrentar a lo largo de más de cinco siglos continúan vivos, creativos y en constante transformación, están proponiendo un modelo de vida totalmente diferente al que ha impuesto el capitalismo en los últimos siglos y lo están haciendo mediante lenguajes novedosos, creativos y artísticos (Im. 4). 



Machi (curandera) mapuche tocando el Kultrun, instrumento sagrado.

Me referiré a algunas expresiones estéticas del zapatismo cargadas de simbolismo en las que baso esta hipótesis.

1. ¿Performace? ¿Acción? La fuerza simbólica del silencio 18 años después


¿ESCUCHARON?
Es el sonido de su mundo derrumbándose.
Es el del nuestro resurgiendo.
El día que fue el día, era noche,
Y noche será el día que será el día.
Subcomandante I. Marcos, 2012.

Este escueto comunicado fue emitido por el EZLN después del simbólico acto del 21 de diciembre de 2012, cuando unos 40 mil zapatistas de todas las edades aunque en su mayoría jóvenes, “tomaron” silenciosamente y de forma simultánea, cinco cabeceras municipales del estado de Chiapas: San Cristóbal de las Casas, Palenque, las Margaritas, Ocosingo y Altamirano (Im. 5). 



¿Escucharon? 21 de diciembre de 2012 en San Cristóbal de las Casas.

En cada cabecera municipal repitieron la acción de colocar un estrado de madera sobre el que uno a uno iban subiendo l@s zapatistas al mismo tiempo que levantaban el brazo izquierdo en señal de saludo, al descender del templete bajaban el brazo y continuaban su marcha silenciosa para después disolverse y volver a su lugar de origen. Me voy a permitir transmitir el video realizado por Rompeviento durante la movilización en San Cristóbal de las Casas, para ir señalando varios de los símbolos que desde mi entender se encuentran presentes en esta movilización y que seguramente ustedes también notaron (5. Video).



El primero de estos símbolos está en la elección del día para la realización del evento pues según el calendario maya el 21 de diciembre de 2012 [el 13 Baktún] sería el día en que concluiría una era para dar inicio a otra —y no el día del fin del mundo, como lo interpretaba y anunciaba la prensa sensacionalista—. En este sentido consideramos nosotros que la era que terminaba para los zapatistas, estaba encarnada en la frase “…su mundo derrumbándose”, mientras que la era que se iniciaba se sintetiza en la frase “…el nuestro resurgiendo”. Estaban recuperando el conocimiento ancestral del tiempo maya, de las culturas precolombinas para anunciar su resurgimiento y sus posteriores acciones.
Otro símbolo es el portentoso silencio con el que los zapatistas decidieron salir nuevamente a las ciudades después de las tantas especulaciones que se hacían sobre su extinción: frente al palabrerío respecto a las razones por las que no se expresaban —como pensaban quienes así querían verlo— ellos deciden contestar con la algarabía de sus pasos y la fuerza de su silencio. Por otro lado el escueto comunicado con que acompañaron esta muestra de organización y coordinación, inicia con la pregunta ¿ESCUCHARON?, lo cual para Houtart, resulta ser un oximorón pues como comentamos antes, el único sonido emitido por los participantes fue el de sus pasos. El silencio como protagonista principal en esta acción, un silencio simbólico e inquietante. Se trató sin duda de un acto muy bien pensado que buscaba la fuerza expresiva además del impacto visual y político, un acto planificado a detalle y tal vez practicado con anterioridad, cito las palabras del Subcomandante: “…[h]emos demostrado, una vez más, que somos quienes somos. / Con nuestro silencio nos hicimos presentes.” (Subcomandante Marcos, Enlace Zapatista: 30 de dic de 2012).
Otro potente símbolo fue el mensaje implícito de que no solamente no habían desaparecido, sino que a lo largo de los últimos años se han fortalecido política y organizativamente y han consolidado una buena parte de su proyecto autonómico al interior de cada uno de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) como lo recalcan en su comunicado: “…En estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida, nuestro nivel de vida es superior al de las comunidades indígenas afines a los gobiernos en turno, que reciben las limosnas y las derrochan en alcohol y artículos inútiles.” (Ibid). La sorpresiva y bien coordinada presencia de tantos miles de indígenas zapatistas en 5 diferentes ciudades del estado de Chiapas fue una muestra de ello.
Otros símbolos igualmente fuertes presentes en esta acción performativa que queremos destacar y que desde nuestro entender reflejan la apuesta política que ha venido desarrollando el zapatismo desde los inicios de su levantamiento aquel 1º de enero de 1994 son: el acto de colocar el pequeño estrado frente a los lugares desde donde se ejerce el poder oficial gubernamental y subir a él, uno a uno, desplazarse hasta el otro extremo saludando con el brazo izquierdo en alto y bajar para continuar su marcha, significando así su muchas veces declarado desinterés por el poder jerárquico —que no el poder horizontal, el poder del pueblo y para el pueblo— y reafirmando la enorme distancia que existe entre su proyecto político respecto del modelo dominante. Otro signo para nosotros clave, es el de que ese poder popular puede ser ejercido por cualquier persona comprometida con el proyecto, que momentáneamente suba a la plataforma —lo cual significa que no se requiere de políticos “profesionales”— para asumir el compromiso de servir a su pueblo, pero que nadie habrá de quedarse en él permanentemente como sucede en las “democracias” representativas. Este otro tipo de democracia es la que están desarrollando los zapatistas en los MAREZ.
En el mismo comunicado, Marcos escribe: “…cuando cruzaban por arriba, volteaban la mirada hacia abajo y veían a sus decenas de miles de compañeros. Es decir, se miraron a sí mismos. Allá arriba no nos miraron mirándonos. Allá arriba no entendieron ni entenderán nada.” (Ibid). Se trató de un acto político performativo de principio a fin. Estética y política en equilibrio. Se podría en términos estéticos tal vez hablar de una obra conceptual en la que cada movimiento, cada elemento utilizado cumple un objetivo concreto para dar contundencia al mensaje emitido. En términos políticos el mensaje era también muy claro: no solamente los zapatistas no “habían desaparecido” sino que por el contrario, a lo largo de esos casi 19 años de existencia se habían fortalecido y habían dado pasos muy importantes en la consolidación de su autonomía y la resignificación del concepto de Democracia, la que se construye desde abajo para beneficio de todos y en forma horizontal.
No se podría explicar esa capacidad de convocatoria sin una sólida organización basada en la teoría y la praxis a las que constantemente hacen referencia l@s zapatistas y que nos recordó el Subcomandante Moisés el 1º. De enero de 2015 en sus “palabras en el 21 aniversario del inicio de la guerra contra el olvido”[1]. Teoría y práctica, palabra y silencio, creación y compromiso social.

2. Estética y Autonomía: de los municipios rebeldes a los Caracoles zapatistas

Aunque sigue existiendo una gran reticencia de la cultura occidental por reconocer el arte indígena como tal y clasificarlo indiscriminadamente como artesanía —que también forma parte de la cultura indígena— aquí reivindicamos la aplicación del término arte pues la práctica y la producción de acciones, formas y objetos estéticos llevados a cabo por las comunidades indígenas de América Latina y de otros continentes, buscan significar su realidad al igual que el arte occidental lo ha hecho históricamente. Más allá de los criterios de belleza y más allá incluso de la separación o no entre forma y función, el arte indígena muestra al mundo su propia relación estética con el entorno, una relación estética diferente pero no necesariamente inferior a la del resto de los seres humanos. Simplemente otro tipo de relación[2].
En el artículo titulado “La propuesta estética del zapatismo”[3] —quizá hoy hablaríamos más correctamente de “el aporte estético del zapatismo al movimiento social”— escrito en el 2000, en lo que fueron nuestros primeros y torpes balbuceos sobre el tema que nos ocupa, afirmábamos que fue el mismo primero de enero de 1994 cuando percibimos el primer aporte estético de este movimiento al ver aparecer por primera vez en público a aquellas mujeres y hombres enfundados en su uniforme café y negro —colores neutros elegidos no por cuestiones estéticas sino seguramente para ocultar mejor su clandestino paso por las montañas chiapanecas— con pasamontañas negro y paliacate rojo como distintivo principal tanto para l@s insurgent@s como para l@s milician@s y l@s civiles zapatistas —el rojo, “fuego y luz”, color primario que da vida al conjunto y remite al simbolismo de lucha y resistencia que se encuentra presente también en las siglas y la estrella que luce en su bandera—. Ya de suyo, esta vestimenta los diferenciaba radicalmente del uniforme verde olivo que utilizaban las guerrillas centroamericanas a la vez que los distancia del color característico en uniformes y equipo utilizados por el ejército mexicano (Im. 6).



Comandantes zapatistas en San Cristóbal de las Casas, 1996.

La impactante figura de los insurgentes con esta peculiar vestimenta se convirtió rápidamente en un símbolo y un regalo para los ojos que los supieron mirar —algo que no tiene necesariamente que ver con el arte sino con la experiencia sensible y que tampoco se limita a los sentidos sino que implica de igual manera a la razón y, en este caso, al respeto por el otro—. Si bien como asegura el Subcomandante Marcos el pasamontañas inicialmente no formaba parte de su vestimenta sino que su uso se debió al frío del invierno …nos ponemos el pasamontañas porque hacía mucho frío.” “[…d]e pronto a la gente le pasa mucho el pasamontañas y así queda…” (Petrich, Entrevista, La Jornada, 4 al 7 de febrero de 1994), en el imaginario popular pasamontañas y paliacate inmediatamente pasaron a formar parte de la simbólica zapatista.
No obstante, existe una poética al hablar sobre la elección del color negro que se explica en dos de las muchas conversaciones entabladas entre el Subcomandante Marcos y el viejo Antonio que se narran en el comunicado Poemas en dos tiempos publicado en septiembre de 1994, se trata de la historia de dos momentos en la vida del EZLN tituladas “Una noche, una lluvia y un frío, diciembre de 1984” y “Otra noche, otra lluvia y otro frío. 17 de noviembre de 1993”, que se refieren al diálogo que se dio cuando en las vísperas del alzamiento zapatista en pleno invierno, se optó por el uso de esta prenda y se discutía sobre el color que debía tener. Fue el Viejo Antonio quien sin decirlo explícitamente condujo a la decisión final:
El viejo Antonio separa, con sus manos, un tizón de la hoguera. Lo deja en el suelo. «Mira», me dice. Del rojo, el tizón sigue el camino inverso que el señor negro del cuento: naranja, amarillo, blanco, gris, negro. Aún caliente, las manos callosas del viejo Antonio lo toman y me lo da. Yo trato de fingir que no me quema, pero lo suelto casi inmediatamente. El viejo Antonio sonríe y tose, lo vuelve a tomar del suelo y lo remoja en un charquito de agua de lluvia, de aguanoche. Ya frío me lo vuelve a dar.
«Toma… recuerda que el rostro cubierto de negro esconde la luz y el calor que le harán falta a este mundo», me dice y se me queda viendo.
(…)
…Surge el tema de los rostros cubiertos, que si paliacates, que si antifaces, que si máscaras de carnaval. Voltean a verme.
«Pasamontañas», les digo.
…Moisés mira el techo en silencio y rompe la discusión con un «¿Y de qué color los pasamontañas?».
«Café… como la gorra», dice Rolando. Algún otro dice que verde. El viejo Antonio me hace una seña y me aparto del grupo. «¿Tienes el tizón de la otra noche?», pregunta. «Sí, en la mochila» respondo. «Ve por él» me dice y se encamina al grupo en torno al fogón. Cuando regreso con el tizón todos están, en silencio, en torno a la fogata y con el viejo Antonio mirando fijamente el fuego, como la noche aquella del venado «cola blanca». «Aquí está», le digo y pongo el negro tizón en su mano. El viejo Antonio me mira fijamente y pregunta: «¿Recuerdas?». Asiento en silencio. El viejo Antonio pone el tizón en medio del fuego. Primero gris, blanco, amarillo, naranja, rojo, fuego.  El tizón es ya fuego y luz. El viejo Antonio me mira otra vez y se va por entre la niebla… Todos quedamos mirando el tizón, el fuego, la luz.
«Negros», digo.
«¿Qué»?, pregunta Ana María.
Yo repito sin dejar de mirar el fuego: «Negros, los pasamontañas serán color negro…».
(Subcomandante Marcos, sep. 22, 1994).

El movimiento zapatista siendo el más radical en el México posterior a los años 70, no sólo por su decisión de utilizar las armas como un método más en su lucha por Libertad Justicia y Democracia, sino por su propuesta “no de cambiar al mundo, sino apenas de construirnos uno nuevo”; es también un movimiento muy humanista. Es esta radicalidad y al mismo tiempo el humanismo del EZLN lo que le ha ganado tantas simpatías y apoyos de personas con culturas tan distintas y lejanas como la americana, la europea, la asiática, la africana y la oceánica.
Dentro de este humanismo del zapatismo se inscribe el hecho de que a la par que luchan por lograr la satisfacción de las necesidades vitales como son el derecho a conservar su territorio y su autonomía, a gozar de un techo y trabajo dignos, al acceso a una buena atención médica y una alimentación nutritiva y suficiente. a la par que luchan por reivindicaciones sociales y políticas como son la Libertad, la Democracia y la Justicia; al mismo tiempo y en el mismo nivel colocan las reivindicaciones por la educación, la cultura y el arte, es decir la satisfacción de las necesidades espirituales que hacen crecer al hombre por encima de su estatura física, las que llenan el espíritu y completan el sentido de una vida solitaria, clandestina y de renuncia como la que tuvieron que vivir los zapatistas a lo largo de los 10 años de vida anterior a su aparición pública en enero de 1994 (Im. 7).



Las 13 demandas zapatistas. Pintula del compañero Camilo, BAZ

El alimento espiritual que ha contribuido a aliviar el dolor por la muerte, la desaparición, la tortura, el ultraje, la traición, la cárcel, el destierro, la masacre, la distancia, el olvido. El alimento espiritual: la cultura, la educación para todos, la literatura, el teatro, la danza, la música, la escultura... el arte todo. A través de las declaraciones que han hecho los zapatistas desde su aparición pública nos hemos enterado de que durante el largo período de clandestinidad y formación del EZLN la cultura tuvo siempre un papel primordial. En la entrevista que el Subcomandante Marcos concedió al poeta argentino Juan Gelman en 1996, el primero afirmó:
…organizábamos actos culturales todos los lunes de cada semana: el grupo de combatientes se juntaba en lo que llamábamos la célula cultural y se decían poemas, se cantaba, se representaban obras de teatro. El único libro que teníamos entonces –yo era capitán– era una antología de Miguel Hernández. Había más reuniones culturales que poemas en el libro y éste se acabó...” (Gelman, Diario Página 12, 1996. Publicada por Desinformémonos).

Una vez que los zapatistas abandonaron la clandestinidad, las células culturales se convirtieron en espacios abiertos a la participación cultural de todo aquel que se sintiera identificado con su ideología. En consecuencia no fueron solamente los “Aguascalientes” los espacios que los zapatistas crearon para intercambiar propuestas culturales con la sociedad, ellos han aprovechado cualquier espacio político que han logrado abrir para incluir este tema. Así por ejemplo en el Foro Especial para la Reforma del Estado convocado por el EZLN y que se llevó a cabo durante el mes de julio de 1996 en San Cristóbal de Las Casas con la participación de numerosas organizaciones campesinas y de intelectuales especialistas en la cuestión; la mesa 7 de las 8 en que se dividió el Foro para el análisis del país, estuvo dedicada a tratar el tema Cultura y medios de Comunicación en el tránsito a la Democracia. En la mesa sobre cultura indígena se reconoció que los pueblos originarios cuentan con una cultura propia que merece ser respetada (Im. 8).



El Comandante Tacho cantando.

El tema de la cultura apareció nuevamente en julio-agosto de 1996 en el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo convocado de igual forma por el EZLN que se llevó a cabo en los cinco “Aguascalientes” que habían construido los zapatistas para la ocasión (Im. 9), al Encuentro asistimos poco más de tres mil personas de todos los sexos, de todas las razas, de todas las lenguas y de casi todos los colores de las izquierdas que existen en el mundo. En este Encuentro la Mesa 3 que se llevó a efecto en el “Aguascalientes” de Morelia llevó por tema: Todas las culturas para todos. ¿Y los medios? De las pintas al ciberespacio. Concurrimos aproximadamente cuatrocientos participantes de veintiún países del mundo y tuvimos la suerte de contar con la presencia de diez Comandantes del EZLN: Zebedeo, Magdalena, Salvador, Elizabeth, Carlos, Emelina, Ismael, Yesenia, Eliseo y Alejandro; quienes tuvieron una importante participación en todas las submesas. En el discurso de clausura que pronunció el Comandante Zebedeo a nombre de la delegación zapatista expresó:
Compañeros y compañeras zapatistas, compañeros y compañeras internacionalistas:
El día de hoy, 31 de julio de 1996, terminamos los trabajos de la mesa 3 con el tema de culturas y los subtemas para los que fuimos convocados.  Hoy nos llevamos a nuestras casas la semilla de la esperanza, la semilla internacional de la esperanza a nuestros países en México, Europa y el resto del mundo.”
Esa semilla de la esperanza es para un mejor mundo para todos. Hay que saberla cuidar, hay que saberla llevar a todos los rincones de los estados, países y continentes. La esperanza por un mundo nuevo, donde todos tengamos un lugar como seres humanos. No como hombres y mujeres explotados y explotadores. No como ricos y pobres sino en el respeto por la convivencia de las culturas del mundo. Así como sabemos compartir la fiesta y la alegría, tenemos que aprender a compartir el conocimiento, el desarrollo y el bienestar como iguales.” (...) Sabemos que el camino es largo y que hacen falta muchos encuentros como este. Hacen falta muchos Aguascalientes, no sólo en México, sino en todos los rincones de América, Asia, Europa y Oceanía.” (Crónicas Intergalácticas141, 142).


9. Cartel Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neliberalismo por Beatríz Aurora

Por otro lado, no se puede negar la capacidad intelectual y literaria del Subcomandante Marcos, su amplia cultura y sentido estético, las grandes escenografías que montan los zapatistas en los eventos que realizan en su zona autonómica hacen pensar incluso en alguna irrealizada vocación de cineasta, a esto se suma su controversial personalidad que así como le ha ganado una gran cantidad de seguidores al mismo tiempo ha sido objeto de crítica. Coco Fusco se refiere a sus cualidades como performer, lo llama “guerrillero intelectual” y comenta: “...Su título militar no oculta la realidad de que la canana que cruza su pecho no es más que un homenaje a Emiliano Zapata. No cuesta mucho darse cuenta de que aquellas balas no sirven para su rifle...” (Fusco,1999: 9) (Im. 10).



Subcomandante I. Marcos con carrilleras.

Estas cualidades si no inéditas en un guerrillero —recordemos la capacidad intelectual y literaria del Che Guevara en la Revolución cubana y la poesía de Roque Dalton en la guerrilla salvadoreña, por mencionar solamente dos ejemplos— sí reconocidas de inmediato gracias a la amplia difusión que tuvo el movimiento desde sus inicios, atrajeron la atención de intelectuales y artistas progresistas de todas las disciplinas que acudieron hasta los campamentos zapatistas para entrevistarse con la dirigencia del movimiento y hacerse eco de él. Sobre ello escriben los reporteros Jim Cason y David Brooks:
La presencia zapatista también se registró en el circuito cultural. Figuras del cine como Oliver Stone y Edward James Olmos visitaron Chiapas y regresaron al coro de apoyo y solidaridad en este país. Músicos como Rage Against the Machine y las Indigo Girls, junto con escritores, artistas plásticos y más, se sumaron a este movimiento. (Cason y Brooks, 2004).

A más de dos décadas de la existencia pública del EZLN son ya muchas las lecciones éticas y estéticas que hemos recibido de l@s zapatistas. Por otro lado, el tema de la presencia de la imaginación y la creatividad en los movimientos sociales ha sido tratado por diversos autores en diversos tiempos y geografías. Recientemente, la Revista Rufián no. 17, en el marco de la conmemoración de los veinte años del alzamiento zapatista, dedica este número al análisis de la estética presente en este movimiento en particular y del movimiento social en general, la revista lleva como título Estética de la autonomía, autonomía estética. A 20 años del levantamiento zapatista, en ella Natalia Arcos se refiere al zapatismo como “uno de los movimientos insurrectos que mejor ha elaborado una poética general (o una estética particular) bajo el entendido de que el arte como herramienta puede ser “un arma de seducción masiva”” (Arcos, 2013: s/p). En este mismo número de la revista, John Holloway escribe:
Son probablemente los zapatistas quienes han entendido mejor que cualquier otro grupo esta búsqueda y la unidad de la estética y la revolución. Me refiero no solamente al lenguaje de sus comunicados, sino también a su sentido profundo de teatro y simbolismo. Cuando se levantaron el primero de enero de 1994, expresaron no solamente su propia dignidad, también despertaron nuestras dignidades. (Holloway, en Rufián 17, 2013, s/n, s/p).

Estética y autonomía han ido de la mano en el proceso organizativo de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) en los que junto a la búsqueda de la mejora de las condiciones materiales de vida de sus habitantes se trabaja arduamente en la mejora de sus condiciones espirituales y creativas. Hoy día l@s jóvenes bases de apoyo zapatista reciben una educación integral que responde a sus necesidades, aprenden lo mismo a cultivar la tierra y cuidar su entorno natural, a leer, escribir y resolver operaciones matemáticas; que a operar sus radios comunitarias, a realizar fotografía y video, a hacer teatro o “señas” como ellos le llaman a esta actividad, es decir que se apropian de las tecnologías y herramientas contemporáneas que anteriormente les estaban vedadas (Benjamin, 2001). En la Página Zapatista Organización, puede verse la gran cantidad de producción artística  zapatista: https://www.facebook.com/ApoyoZapatistas/photos/?tab=album&album_id=285601594979594 Además de los videos que acompañan los comunicados de este mes de julio en Enlace Zapatista.La zapatista es una revolución política y cultural que está cambiando el significado de muchos conceptos a los que hasta ahora se les otorgaba una única acepción. La vida política y cultural de los ahora llamados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) va intrínsecamente ligada, por lo que ambos aspectos son indisolubles (Imgs. 10, 11, 12 y 13 de las BAZ).



Pintura del compañero Lucio (BAZ).




                                                                                          Pintura del compañero Tomás (BAZ).           




Pintura del compañero Camilo (BAZ)





     
                                                        







        Pintura del Compañero Tomás (BAZ)





El arte tradicionalmente ha defendido la libertad de expresión. Los zapatistas y el movimiento indígena en general entienden que sin el arte no habrá cambios posibles, de ahí su interés por mantener una comunicación constante con l@s creador@s y fomentar que las expresiones artísticas lleguen a los inaccesibles territorios indígenas y viceversa, que la cultura y el arte zapatistas lleguen a l@s citadin@s no solamente para el goce, sino para que se construyan puentes entre las diversas miradas y cada cual encuentre también en el arte su propia forma de tomar y resignificar la palabra, incluyendo a todos quienes habían permanecido al margen de la creatividad artística. Termino mi participación citando a los Subcomandantes Moisés y Galeano en el comunicado del  pasado 6 de julio:
“…Si hay un sinónimo de libertad, tal vez el último reducto de humanidad en situaciones límite, son las artes….”. (Enlace Zapatista, 18/07/2016).


BIBLIOGRAFÍA:

Benjamin, Walter, “El autor como productor”, en Wallis Brian, Arte después de la modernidad. Nuevos planteamientos en torno a la representación. Madrid, Akal, 2001, pp. 297-310.
Cason, Jim y Brooks, David, “De Seattle al Pentágono: impacto y presencia del EZLN en EU”, en Perfil de La Jornada, México, 2 de enero de 2004.
Certeau Michel, de, La toma de la palabra y otros escritos políticos, México, Universidad Iberoamericana, 1995, 240 pp.
Crónicas Intergalácticas EZLN. Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, Frente Zapatista de Liberación Nacional, México, 1996.
Documentos del Foro Especial para la Reforma del Estado, Comisión especial promotora del Frente Zapatista de Liberación Nacional, México, 1996.
Escobar, Ticio, “Culturas nativas, culturas universales. Arte indígena: el desafío de lo universal”, en Una teoría del arte desde América Latina, José Jiménez (editor), España, MEIAC/Turner, 2011, pp. 31-52.
Fusco, Coco, “El performance latino: la reconquista del espacio civil”, en Horizontes del Arte Latinoamericano, Madrid, Tecnos, 1999, pp. 93-106.
Gelman, Juan, “Subcomandante Marcos, escritor”. Entrevista exclusiva con el Subcomandante Marcos, Diario pagina 12, 1996. Publicada por Desinformémonos. Consulta 05/12/2014. http://desinformemonos.org.mx/2014/01/subcomandantes-marcos-escritor-por-juan- gelman/
Houtart, François, “Los zapatistas siguen existiendo”, en Rebelión, 20/04/2013. Consultado el 06/04/2014 en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=166989
Holloway, John, “¿Es la lucha zapatista una lucha anticapitalista?”, en Rebeldía núm. 1, noviembre de 2002, pp. 28, 35.
Martínez Genis, María del Carmen, “La propuesta estética del zapatismo”, en La Esperanza a través del arte: una propuesta escultórica, 2000, inédito, artículo disponible en, Itzcuintli: http://itzcuintli.tripod.com/ezln7.html.
Petrich, Blanche y Enríquez Elio, Entrevista al Subcomandante Marcos, La Jornada, publicada en cuatro partes del 4 al 7 de febrero de 1994.
Subcomandante Insurgente Marcos, “Comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional del 21 de diciembre de 2012”, en Enlace Zapatista: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2012/12/21/comunicado-del-comite-clandestino-revolucionario-indigena-comandancia-general-del-ejercito-zapatista-de-liberacion-nacional-del-21-de-diciembre-del-2012/ Consulta el 30/03/2013.
___________________________, El EZLN anuncia sus pasos siguientes, Enlace Zapatista http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2012/12/30/el-ezln-anuncia-sus-pasos-siguientes-comunicado-del-30-de-diciembre-del-2012/ Consulta el 04/01/2014.
___________________________, “Poema en dos tiempos y un final subversivo”. Consulta el 28/05/2015 en Enlace Zapatista: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/1994/09/22/poemas-en-dos-tiempos/
___________________________ y Subcomandante Insurgente Moisés, “El festival ComArte y la solidaridad”, en Enlace Zapatista. Consulta el 18/07/2016 en http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2016/07/06/el-festival-comparte-y-la-solidaridad/
Subcomandante Insurgente Moisés, Palabras del EZLN en el 21 aniversario del inicio de la guerra contra el olvido, en Enlace Zapatista http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/01/01/palabras-del-ezln-en-el-21-aniversario-del-inicio-de-la-guerra-contra-el-olvido/ Consulta el  10/01/2015.
Zapatista Artes, en Zapatista Organización. Consulta el 30/03/2014  en https://www.facebook.com/ApoyoZapatistas/photos/?tab=album&album_id=285601594979594





[2] Ticio Escobar ha reflexionado sobre este tema en diversos espacios y diversos artículos, uno de ellos es su artículo “Cultura nativas, culturas universales. Arte indígena: el desafío de lo universal”, en Una teoría del arte desde América Latina, pp. 31-52.