A 18 años de la terrible masacre de Acteal, presentamos la palabra de dos poetisas indígenas del estado de Chiapas, como un ejemplo de la lírica indígena ligada
a la memoria reciente de las atrocidades cometidas contra los pueblos
originarios. Se trata de las poetisas Ruperta Bautista Vázquez de
origen tzotzil y Juana Karen Peñate de origen chol, quienes en 1998 escribieron
sobre el horror vivido durante la masacre de Acteal, Chiapas, México, cometida
el 22 de diciembre de 1997 por un grupo de paramilitares indígenas armados y
entrenados por el Estado mexicano, contra los integrantes de la Sociedad
Civil Las Abejas cuando éstos se
encontraban orando en la capilla del lugar en donde se hallaban refugiados
debido a que ya habían sido amenazados por los paramilitares. 45 personas
fueron asesinadas con saña inusual hasta entonces: 21 mujeres (cuatro de ellas
embarazadas) catorce niños, un bebé y nueve hombres. Quedaron además 25
personas heridas, cuatro de ellas discapacitadas para siempre, cinco
desaparecidas y 50 niños huérfanos[1]. Ruperta Bautista escribe:
LKUNEX TI CH’NALO’
Ta yunenal ikliman ch-atin ti
k’ak’ale
spomtabe xch’uvil me’onetike
jpannuk’tavanej smakbeik slekil
sbek’tal ti osile
stz’ujet no’ox cha’iik ti milvaneje.
Ti ch’uvil xch’uk syaxal a’maletike
j ok’ no’ox k’ataj ta uk’umal
ch’ich’
ti yich’el ti muk’ ti kajvaltike
yakuxulxa
te xa no, ox xkajet ta sba
stz’ubilal ti lajelale.
Junxa yo’nton nopejik talel ti jmilvanejetike
ta
sba xch’ulekik ti jsa’ lekilaletike
a’
xhci’ilik pukuj spas yabtelik
lek
xvinaj ti a’iel ti milel lajelale.
Ti
buch’u lek yo’ntonike, a’ stijik jbael ti ti’ mukenale
k’okbatik
snij’ik yu’un smantal ti jk’ulejetike
chanavik
ta pixbil ch’ixal lumetik
xchi’uk subjilal milel la staike.
A’ la jyil ta sat ti j-anil o’nton
ik’e
xchi’uk xch’ich’el ya’lel sat ti
osile
smakbeik sat ti me’on untike
ch’och’obtasbil ikomik yu’un
sk’ak’al yo’nton tuk’etike.
LUNES EN EL POZO
En la infancia del día el sol se
baña
perfumando el rezo de los humildes.
Una velación cubre el sano cuerpo
del lugar,
la mirada traicionera atenta.
Plegaria y humedad de la selva
en minutos se convierten río de
sangre,
las alabanzas se visten de agonía
florando en el polvo destructor.
Hombres
asesinos marchan decididos
sobre
almas buscadoras de justicia:
actúan
cobardes y malvados,
se
siente su ruido de carnicería.
Los
inocentes tocan al portón de la tumba
degollados
por el testamento dominador,
caminan
en el suelo cubierto de espinas
con su muerte obligada.
Es testigo el desesperado aire
y rojas lágrimas de tiempo
cubren el rostro de los huérfanos
acribillados con odio de
ametralladoras.
(Ruperta Bautista, 1998, Ojarasca, oct 2009: 7).
Trascribimos otro de sus
poemas en relación a la gran cantidad de indígenas que llenan las prisiones
mexicanas, muchas veces acusados injustamente y sin posibilidades de defenderse
debido en parte a su escaso o nulo conocimiento del castellano, o cada vez más
por razones políticas, por las actividades que realizan en defensa de sus
territorios ante los embates del capital que ha puesto sus ojos en los
minerales, el abundante agua o la belleza que existe en ellos y pretende
convertirlos en una mercancía más. Para los pueblos originarios no se trata
solamente de grandes extensiones de tierra, se trata de su territorio, el que
les da cobijo y alimento, el que guarda los restos de sus antepasados y su
memoria, el que les hereda parte de su identidad cultural. Algo que los dueños
del dinero no son capaces de entender:
JCHUKEL
Stuk xchi’uk xjak no’ox
yo’nton te ch-anilaj
te smukta nak’omal yut chukel.
Lajemxa stsatsal yip
chk’opoj,
sjelevesbaltel slo’il te sk’ejoj mutal ikliman.
Sk’eloj chp’ajtal ya’lel
sat vinajel
cht’uxumtasbat yunen
yajemal sat,
yakil smaksba te sikil
k’al na li yavanele.
Li ch’inetele pak’al
chk’ot te spak’ chikin.
Snamal a’ibe yab yok
statamol,
xch’aybatel yip li
xch’ich’ele,
xtonimbatel te sat yelov
li slajeb keve,
xtakin k’un lajbatel te
ik’al osil li stakopale.
PRISIONERO
Solitario, veloz y
desesperado corre
bajo la gran sombra de
la jaula.
Agitado en la cima de la
fuerza habla,
transmite mensajes en la
voz del pájaro matutino.
Observa las lágrimas de
las nubes
acariciando su pequeño
rostro herido,
mientras sus gritos
rebotan sobre la fría pared.
El silencio posa a sus
oídos ensordecidos.
Oye lejanas huellas de
su abuelo,
se apaga el ritmo de su
sangre,
se congela la última luz en su mirada,
su piel se marchita
lentamente en la oscuridad.
(Poemas de Ruperta
Bautista, en: autonomíaautogestion.unach.mx).
Ruperta Bautista nació en San
Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Es licenciada en Antropología Social por la
Universidad Autónoma de Chiapas además de estudiar el diplomado en Creación
Literaria en la Escuela de Escritores de San Cristóbal. En su obra literaria
que abarca también el teatro y el cuento, se ocupa de temas sociales como el
hambre, la violencia, la decadencia socia y la exclusión de los pueblos
indígenas; aunque escribe también sobre su cultura tradicional y el papel de la
mujer en la conservación de ésta. En su lírica la mujer es dibujada como el
pilar de la sabiduría y la tradición oral.
Es
coautora del libro Palabra Conjurada (cinco voces cinco cantos), Chiel K'opojelal (Vivencias) y Eclipse en la madre tierra. Su poesía ha sido traducida al inglés,
francés, italiano, catalán y portugués. Es integrante del grupo de teatro Maya
Performance de San
Cristóbal de las Casas, Chiapas. Es posible escuchar su voz en entrevista con
Mardonio Carballo, en el programa Tkyo TV Rompeviento TV del 10/06/2013, en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=bYmE-uBPAQo
Por su
parte, la poetisa Juana karen Peñate Montejo, toma también el tema de la
masacre de Acteal y escribe el poema ¿Por qué?, cuestionándose sobre las razones que
llevaron a los indígenas que formaron parte de los grupos paramilitares a
cometer semejante crimen:
¿CHUKOCH?
Kabä
xtayañob ubibil kcha’an
Tyi k’ak’al
kbañelil,
Jiñi ir’ay
kpusik’al
Maañik mi
ch’amben isum
Chukoch jiñi
bak’tyaläl
Letyojibil
tyi joy ñup’ul
Jump’ej;
säk’an tsa kubi
Juntyikil
ty’an ch’oyol bä tyi Kampeche
Wen tyijikña
mi pekan ipiä lob
Kixiklelob
mi ts’isob, mi jalob chij,
Yambä
sak’an, Yamba xty’an
Wäle
juntyikil xtabaskeño,
Ya’ ba’ mi
subel ty’an
Mi ch’äl
iyixiklel
Tyi
ty’ojoljaxbä ty’añ;
Tyi yambä
säak’an
Ch’ijiyem
tsa kubi
Xty’an
ch’oyol bä tyi aktyal
Tsa’ isubu.
yutybal
kpañumi!
¿POR QUÉ?
Tantos
poetas he escuchado
Entre las
llamas de mi soledad
Que las
notas de mi alma
No
comprenden aún
Por qué la
vida lucha
Encerrada en
los fierros del universo.
Una mañana
escucho
A un poeta
carmelita
Les habla
alegremente a los campechanos:
“Mis mujeres tejen y cosen el henequén”.
Otra mañana,
otro poeta
Habla
igualmente
Ahora es
tabasqueño
Ante el
micrófono
Adorna a sus
bellas mujeres
Con palabras
floridas.
A la mañana
siguiente
Escucho
melancólica
A un poeta
de Acteal
Y exclama:
“El fin de mi mundo”.
(Juana
Karen Penate, 1998, Ojarasca, oct 2009: 7).
Juana
Karen Peñate Montejo nació 1977 en la comunidad Emiliano Zapata del municipio
de Tumbalá, Chiapas, al norte de este olvidado y violentado estado que desde
marzo de 1996 cuando hizo su aparición el grupo paramilitar “Paz y Justicia”[2]
ha vivido bajo la constante amenaza de uno u otro de estos grupos entrenados y
financiados por el Estado mexicano para enfrentar a sus propios hermanos. Aún
así la poetisa “da vida a la xch'olo'b (palabra ch'ol) en un contexto de
violencia paramilitar causada por algunos de sus propios hermanos de pueblo,
envenenados por doctrinas contrainsurgentes según el Manual de guerra irregular
del Pentágono. En años de rebelión, guerra y resistencia, su escritura alude
directamente a su experiencia como x-ixik (mujer), "aroma de la
montaña", que vive y conoce los exilios de su pueblo, en el norte de
Chiapas: "Lejos, como el corazón intacto del silencio,/marchita como la
espuma de la ausencia". (Ojarasca 70, febrero de 2003).
La poetisa es coautora del libro Palabra conjurada (cinco voces cinco cantos) y autora de Mi
nombre ya no es silencio. Transcribimos un poema más que forma parte de este
último libro:
ISOÑIL MATYE'EL
mi ityilel tyi jk'ä'b,
jiñi ityip'tyip'ñäyelk'iñil
woli tyi xämbal tyi ityojlel,
x-xixikoñ its'äkal matye'el
tyoj yik'oty k'uñbä ity'añ xcholo'b: x-ixik,
che'bajche' matye'el, mi ixän tyi tyamlel k'iñil,
tyamlel k'iñil woli tyi ñumel yok'oty ty'añ.
Xty'añ x-ixik xäñä,
ak'ä majlel awuty
ya'ba'añ iye'bal jiñi ja'
ya'i tyi kña'tyibal
mi kajel ikolel majlel abijlel.
Jk'aba'mach chän ñäch'älix.
LA MÚSICA de la selva
viene a mis manos,
el ritmo del día
camina en mí,
soy mujer aroma de la montaña,
firme y sencilla palabra ch'ol: x-ixik,
y como los campos, transcurro en el tiempo,
el tiempo fluye en mi voz.
Camina mujer ch'ol,
concentra tu mirada
en el manantial del horizonte.
Allí, las hojas de tu destino
florecen en mi pensamiento.
Mi nombre ya no es el silencio.
(Ibid).
Aunque ambas poetisas se expresan en
lengua mayense (Ruperta Bautista en
tzotzil y Juana Karen Peñate en ch´ol) su ritmo y cadencia son diferentes, se advierte una mayor frecuencia en
las contracciones de la escritura
y la expresión de la lengua ch´ol.
[1] Para mayor información sobre este
todavía reciente hecho, recomendamos la lectura de “Acteal: entre el duelo y la
lucha”, el detallado informe sobre este caso, presentado por el Centro de
Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, A. C., en enero de 1998. La justicia
aún no se hace.
[2] El grupo paramilitar, de
filiación priista (Partido Revolucionario Institucional, PRI), atacó la
cabecera municipal de Tila y le prendió fuego al templo principal, produciendo
después un virtual estado de sitio que se extendió hasta otros municipios del
estado de Chiapas. En mayo de ese mismo año, el grupo paramilitar priista
denominado “Frente cívico Luis Donaldo Colosio, mejor conocido como
“chinchulines” realizó un ataque contra campesinos en Bachajón, municipio de
Chilón, las amenazas y los ataques se prolongaron dejando un gran número de
víctimas y provocando la huída hacia las montañas de los habitantes del
poblado.