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| Puesta de Sol en un lugar de Morelia. Fotografía de la autora. |
De mi pecho, volcán dormido,
surgieron sonidos suaves y apagados
que de a poco se
tornaron en rugidos.
Mis ojos, húmedo géiser
derramaron gotas de agua salobre y tibia.
Cascada descendiendo sobre el rostro
hasta el cuenco de las manos.
Cuerpo y alma derrotados
convertidos en sollozo y convulsión,
tensiones largo tiempo contenidas.
Tras la breve explosión
la calma temporal ha vuelto.
Hace bien al alma
dejar correr el sentimiento.
Ahora, seco el llanto y sacudo la tristeza,
el camino es aún muy largo.
Hay que seguir andando.

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