Dice Durito que la libertad es como la mañana.
Hay quienes
esperan dormidos a que llegue, y hay quienes caminan y desvelan la noche para
alcanzarla.
Subcomandante I. Marcos.
A 48 años de la cruenta represión con la que el Estado terminó con el movimiento estudiantil de 1968 que había tomado la palabra y las calles para exigir sus derechos, y a la vista del autoritarismo con que se pretende hoy en día acallar cualquier manifestación de inconformidad en nuestro país, queremos destacar algunos de los hechos
más trascendentes ocurridos en México a lo largo de este movimiento, en donde
se da cuenta de la decisión de los jóvenes estudiantes de hablar, de escuchar,
de ser escuchados, de organizarse, de luchar contra el autoritarismo y falta de
libertad no sólo en el ámbito académico; de ejercer la democracia al interior
de sus órganos de lucha; de su entrega a una causa que no sólo era de ellos
sino que incluía a gran parte de la sociedad que sobrevivía bajo el mismo
autoritarismo.
Y por otro lado, el contraste. La cerrazón del
Estado, el autoritarismo de sus funcionarios, el uso de la fuerza como única
respuesta, la estupidez llevada al extremo de utilizar al ejército para
aniquilar lo más valioso de toda sociedad, sus jóvenes.
Jóvenes estudiantes en el Monumento a la Revolución.
La toma de la palabra: En la ciudad de México, el viernes 26 de
julio, miles de jóvenes marchan de la Ciudadela a la Plaza del Carillón, en el
Casco de Santo Tomás, en protesta por las agresiones de los granaderos que el
día 23, habían irrumpido en las instalaciones de las Vocacionales 2 y 5,
golpeando no sólo a estudiantes,
sino también a maestros y empleados con el pretexto de controlar los
enfrentamientos entre estudiantes de estas dos vocacionales y alumnos de la
escuela preparatoria particular Isaac Ochotorena.
La respuesta: De nuevo la violencia de los granaderos, que además
de golpear a estudiantes y cuantas personas estuvieran en las calles, desató la
persecución en contra de los militantes de izquierda, generando nuevas
protestas y movilizaciones que se prolongaron por varios días. El 29 de julio,
incapaz de dialogar, el gobierno tomó la determinación de que los planteles de
las Preparatorias y Vocacionales del Centro de la ciudad, fueran tomados por
efectivos del ejército, quienes con bazookas, derribaron las puertas de las
Preparatorias 1 y 3. ¿El saldo? Más de mil detenidos y 400 heridos
hospitalizados. “La enfermería del plantel, estaba tinta en sangre. Paredes,
pisos, techo, mobiliario, puertas y ventanas fueron mudos testigos de los
sangrientos hechos que culminaron con la intervención del instituto armado.” (El
Universal, 30 de julio de
1968). El Secretario de la Defensa Marcelino García Barragán, declaró que en
las acciones militares intervinieron 3 batallones de la Brigada de Infantería,
1 batallón de Transmisiones, 2 batallones de la Guarnición de la Plaza, 1
batallón de Guardias Presidenciales, y uno más de paracaidistas. ¡Ocho
Batallones! ¿Unos 2,500 soldados perfectamente armados, además de la policía y
agentes secretos; fueron necesarios para detener a mil preparatorianos?
La represión como única respuesta.
La toma de la palabra: En Ciudad Universitaria, el 30 de julio, El
Doctor Javier Barros Sierra, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de
México izó la bandera a media asta en señal de luto por la toma de las
instalaciones universitarias por parte de efectivos del ejército. En su breve
discurso mencionó: “Hoy es un día de luto para la Universidad, la autonomía
está amenazada gravemente. Quiero expresar que la Institución, a través de sus
autoridades, maestros y estudiantes, manifiesta profunda pena por lo
acontecido...” (El Día, 31 de julio de 1968).
La respuesta: El Secretario de Gobernación, Luis Echeverría
Álvarez; el Regente capitalino, Alfonso Corona del Rosal, y los Procuradores
Generales de la República y del Distrito Federal; Julio Sánchez Vargas y
Gilberto Suárez Torres respectivamente, en Conferencia de Prensa el día 30,
justificaron las acciones del ejército, diciendo que “Las medidas adoptadas son
para preservar la autonomía universitaria de los intereses mezquinos e ingenuos
que pretenden desviar el camino ascendente de la Revolución Mexicana”
(Echeverría), “Fueron en respuesta a un plan de agitación y subversión
perfectamente planeado por elementos del Partido Comunista” (Corona del
Rosal), “La decisión fue profunda
y responsablemente medida por los funcionarios. No es el deseo del gobierno
llenar las cárceles, pero no nos detendremos en obrar con toda energía, aunque
siempre dentro de la Ley” (Suárez Torres). Los cuatro funcionarios se
atribuyeron la responsabilidad de haber llamado al ejército. (Radio
Educación, México 1968).
La toma de la palabra: Miércoles 1º de agosto. La Explanada de la Rectoría
de la UNAM comenzó a poblarse poco a poco de maestros y estudiantes. Para las
doce del día la multitud había cubierto las escalinatas y ocupaba el parque
central conocido como Las Islas. Más de 20 mil asistentes al mitin de protesta
por la presencia de las tropas en los planteles universitarios ocupados apenas
36 horas antes. El primer orador fue el profesor Eduardo Blanquel de la
Facultad de Filosofía y Letras, quien dijo: “Hemos venido a pugnar porque en
nuestro país se viva un auténtico régimen de Derecho. No se puede enseñar en
las aulas esos principios si no se defiende como ahora, un derecho
establecido”. Después habló el Director de la Facultad de Ciencias Políticas,
Enrique González Pedrero quien afirmó: “La autonomía universitaria no es un
elemento aislado porque está íntimamente ligado con las garantías que otorga
nuestra Constitución. Por tanto, una violación a la autonomía, es una violación
a la Constitución; y por ambas violaciones protestamos en este momento. En la
Universidad se hace ciencia nacional, pero también, y de modo especial, se hace
conciencia nacional”. Siguió el turno al Representante de la Unión de
Profesores de la Escuela Nacional Preparatoria, Hugo Fernández de Castro, quien
dijo: “Los maestros hemos decidido renunciar en masa si el ejército continúa su
ocupación de los edificios universitarios”.
La dignidad de un Rector: El Dr. Barros Sierra en la explanada de Ciudad Universitaria, en rechazo a la intervención del ejército y en defensa la Autonomía.
El momento más importante del mitin fue cuando tocó
el turno al Rector Barros Sierra, quien expresó lo siguiente: “Varios planteles
de la UNAM han sido ocupados por el ejército. Durante casi 40 años, la
autonomía de nuestra Institución no se había visto tan seriamente amenazada
como ahora, en ningún caso es admisible la intervención de agentes exteriores.
Y por otra parte, el cabal ejercicio de la autonomía, requiere el respeto a los
recintos universitarios. La educación requiere de la libertad, la libertad
requiere de la educación”. Por su parte, el profesor Alberto Trueba Urbina,
participante de la lucha por la autonomía universitaria en 192, afirmó: “La
autonomía universitaria no es solo gozar de la libertad en las aulas, sino la
libertad de discutir este principio fuera de esas aulas, sobre todo ayudar al
hombre de la calle en un diálogo abierto. Nos oponemos ante los ultrajes del
poder público, por ser éste el encargado de hacer respetar los principios que
señalan nuestras leyes. Y cuando no lo hace, aquí está la juventud para
obligarlo a que cumpla”. (Radio Educación, México 1968).
La respuesta:
El día 31 de julio, soldados y policías irrumpieron en la Unidad Artística y
Cultural del Bosque de Chapultepec para disolver una reunión que celebraban los
alumnos de la Escuela de Arte dramático del INBA. Detuvieron a 73 estudiantes (El
Universal), e incluso al
Director teatral José Soler, (El Día). La explicación oficial fue que: “la policía y el
ejército realizaron un cateo en la escuela en busca de propaganda comunista. Se
encontraron algunos libros de teatro que se consideraron tendenciosos por ser
de autores soviéticos” (El Universal). Jesús Soler reveló que a él y a los demás
detenidos se les estuvo interrogando dos horas para luego liberarlos, con las
consabidas disculpas.
La toma de la palabra: El Rector Barros Sierra encabezando la marcha del
miércoles 1º de agosto que reunió por primera vez en la historia, a estudiantes
de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Politécnico
Nacional (IPN), de la Universidad Autónoma de Chapingo y de la Normal Superior.
Más de cien mil personas marchando, más de cien mil voces elevadas en protesta
contra la represión... Y desde las ventanas de los edificios, la expresión de
simpatía de los vecinos hacia los manifestantes, a quienes saludaban con
confeti, como en un día de fiesta. Y los estudiantes dando un ejemplo de
cordura al decidir regresar a C. U. para evadir el encuentro con elementos del
ejército que se encontraban apostados en las calles aledañas, muchos de ellos
con bayoneta calada, y con decenas de vehículos militares y tanques con
ametralladoras.
El Dr. Barros Sierra encabezando la marcha.
La toma de la palabra: El dos de agosto, los estudiantes constituyen el
Consejo Nacional de Huelga (CNH), órgano colegiado de dirección del movimiento;
formado por delegados electos en asamblea de cada una de las escuelas en
huelga. Cada escuela tenía derecho a un voto y las decisiones en el seno del
consejo se tomaban por mayoría simple de votos.
Los profesores de la UNAM y del IPN, comienzan a organizarse en Comités de Huelga que
más tarde se constituirían en la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y
Superior del País Pro-Libertades Democráticas.
La toma de la palabra: El Pliego Petitorio, presentado por el CNH el 4 de
agosto, muestra la madurez que para entonces, tenía el movimiento. Sus demandas
son profundamente políticas y rebasan en mucho, el ámbito académico:
1.- Libertad a los presos políticos.
2.- Destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y
Raúl Mendiolea, así como también el teniente coronel Armando Frías.
3.- Extinción del Cuerpo de Granaderos, instrumento
directo en la represión y no creación de cuerpos semejantes.
4.- Derogación del artículo 145 y 145 bis, del Código
penal federal (delito de Disolución Social) instrumentos jurídicos de la
agresión.
5.- Indemnización a las familias de los muertos y los
heridos que fueron víctimas de la agresión desde el viernes 26 de julio en
adelante.
6.- Deslindamiento de responsabilidades de los actos
de represión y vandalismo por parte de las autoridades a través de policía,
granaderos y ejército. (El día, 4 de agosto de 1968).
La toma de la palabra: Miles de estudiantes acompañados por profesores,
inundan los barrios, las calles, los cines, los cafés, los mercados, los autobuses,
las oficinas públicas; para llevar su palabra y su verdad, para explicar a la
sociedad las razones de su movimiento. En este diálogo con la sociedad, se da
el aprendizaje mutuo, el conocimiento del otro, de sus motivaciones, deseos,
preocupaciones y luchas.
Durante las multitudinarias marchas realizadas con el apoyo de Profesores, padres de familia y sociedad civil.
La respuesta: El 18 de septiembre, el secretario de Gobernación
envía una carta a la Facultad de Ciencias de la UNAM, dirigida al CNH; en la
que afirma que, dada la proximidad del inicio de los juegos Olímpicos, el
gobierno mexicano está interesado en resolver el conflicto a la brevedad
posible; por lo que solicita que el CNH nombre a sus representantes para dar
inicio al diálogo. A las diez de la noche, cuando el CNH se encuentra reunido
en asamblea, el ejército toma Cuidad Universitaria en una clara maniobra
encaminada a detener a las cabezas del movimiento. ¿El saldo? Más de 600
estudiantes, profesores y padres de familia detenidos. Solamente uno de los
detenidos era líder del CNH.
(Estado y Universidad en México, Salvador Martínez de la Roca, p. 133).
La toma de la palabra: el Consejo General de Huelga (CGH) llama a la concentración del 2 de octubre en la Plaza de las tres Culturas a la que llegan miles de jóvenes estudiantes, se reunieron unas 10 mil personas para manifestarse pacíficamente, nadie esperaba lo que sucedería ese día.
El mitin en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.
La respuesta: La conocida masacre perpetrada el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, en donde se manifestaban pacíficamente unas 10 mil personas. La periodista italiana Oriana Fallaci, quien había asistido al mitin para cubrir la información, describe el horror que se vivió: “Llegué a las 4.45 y la plaza estaba casi llena. Subí a la terraza del tercer piso del edificio en que se hallaban los líderes sorprendiéndome al ver sólo a unos cuantos. Uno de ellos, que se notaba muy nervioso, dijo que se había demorado porque carros blindados y camiones llenos de soldados estaban desalojando a gente de la plaza.
Los líderes tenían planeado anunciar una huelga de
hambre, para luego marchar a las instalaciones escolares ocupadas por el
ejército. Pero entonces, dijeron: “compañeros, vamos a cambiar de programa.
Nadie irá a la escuela, porque nos están esperando para matarnos. Cuando este
mitin concluya nos iremos a nuestras casas”.
Después del anuncio, una chica de unos 17 ó 18 años, con
voz como de pajarito, dijo: “queremos enseñarle al gobierno que sabemos otras
formas de lucha. El lunes, iniciaremos una huelga de hambre.”
En ese momento, un helicóptero apareció sobre la
plaza, bajando… bajando… Unos segundos después, lanzó dos luces verdes sobre la
multitud. Yo grité: “muchachos, algo malo va a pasar. Ellos han lanzado luces”.
Me contestaron: “¡vamos, usted no está en Vietnam!” Pero yo repliqué: “en
Vietnam, cuando un helicóptero arroja luces, es porque desean ubicar el sitio a
bombardear”.
No más de tres segundos después, escuchamos el fuerte
ruido de carros militares acercándose y estacionándose alrededor de los lados
de la plaza.
Los soldados saltaron con sus ametralladoras y
abrieron fuego inmediatamente. No al aire, como para amedrentar, sino contra la
gente…”1
Estudiantes detenidos, muchos de ellos permanecen como desaparecidos hasta hoy, otros no sobrevivieron.
¿El saldo de la barbarie? Centenares de ciudadanos
muertos (hasta hoy no se sabe con
exactitud cuántos fueron), cientos de heridos, millares de detenidos,
decenas de desaparecidos, y el Consejo Nacional de Huelga aprehendido casi en
bloque. De esta manera el mal gobierno decidió acallar con sangre y fuego las
miles de voces que habían tomado la palabra en aquel inolvidable movimiento estudiantil de 1968.
Al cumplirse cuarenta años de la masacre, se dieron a conocer las imágenes y la información que habían sido ocultadas durante todo ese tiempo y que revelan lo que ya se sabía sobre la dimensión de la represión .
A cuarenta y ocho años de aquella toma de la palabra, debemos estar alertas para evitar que la historia se repita.
¡QUE EL 2 DE OCTUBRE DE 1968 NO SE REPITA JAMÁS!









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