domingo, 2 de octubre de 2016

Arte y toma de la palabra en el México de 1968.




En mayo último, se tomó la palabra como se tomó la Bastilla en 1789. La plaza fuerte ocupada es un conocimiento conservado por los dispensadores de la cultura y destinado a mantener la integración o el encierro de los trabajadores, estudiantes y obreros, en un sistema que les fija el funcionamiento. De la toma de la Bastilla a la toma de la Sorbona, entre estos dos símbolos, una diferencia esencial caracteriza el acontecimiento del 13 de mayo de 1968: hoy es la palabra prisionera la que se ha liberado.
                        Michel de Certeau.

En 1968, hace 48 años, el mundo fue testigo de grandes movilizaciones impulsadas principalmente por jóvenes que exigían ser tomados en cuenta como personas con la madurez y la capacidad suficientes para opinar acerca del futuro que querían para ellos y sus hijos, jóvenes llenos de utopía que vislumbraban la posibilidad de construir un mundo mejor y que decidieron  salir a las calles a luchar por aquello que soñaban (Im. 1).


1. La toma de la palabra en la Plaza de las Tres Culturas, 
Tlatelolco, ciudad de México.
Los jóvenes participantes de las movilizaciones en 1968, tanto en México como en Francia y otros países, soñaban con un mundo mejor, más humano, más abierto, más democrático, con mayores posibilidades de participación, con mayor libertad para ejercer sus potencialidades intelectuales, sociales y sexuales. Para Michel de Certeau, en 1968 se “tomó la palabra” que hasta entonces “había estado prisionera”.[1]
 Y fueron ellos, los jóvenes, quienes salieron a las calles a tomar la palabra, a decir “aquí estamos, no somos objetos, somos seres pensantes y actuantes que no estamos dispuestos a continuar viviendo en esta total ausencia de libertades”. Y hablaron, discutieron, se organizaron y dieron ejemplo de democracia en la toma de decisiones. Y llenaron las calles de entusiasmo, cartel, performance, teatro y poesía. Y tuvieron que vencer el miedo. Y tomaron el Zócalo[2] de la ciudad de México cuando hacerlo era un acto prohibido y penado. Y se enfrentaron, con la palabra y en condiciones completamente desiguales contra los medios de comunicación que de inmediato los satanizaron y convirtieron en violentos subversivos policías, granaderos* y militares perfectamente armados (Im. 2).


2. Desalojo de estudiantes del Zócalo de la Ciudad de México.
La toma de la palabra. Hablar, discutir, convencer, reconocer. Un signo de madurez. El gran logro de los hechos de 1968, es que comenzamos a madurar como sociedad, comenzamos a hablar para reconocer nuestras similitudes y nuestras diferencias, comenzamos a tener conciencia de que independientemente de doctrinas e ideologías, somos un mundo plural, diverso, que debe su riqueza a esa gran diversidad.
La conciencia que se manifestó en las grandes movilizaciones sociales de 1968 en México y el mundo, tuvo su reflejo en diferentes ámbitos de la vida social, política y cultural. El arte no podía ser la excepción. La toma de la palabra se extendió al lenguaje del arte para adoptar la forma de poesía, de canto, de mural, de manta[3], de graffiti, de performance, de cartel, de pintura, de escultura, de pinta, de gráfica colectiva. De Arte en Resistencia en toda la extensión de su significado.


La palabra hecha gráfica colectiva

A diferencia de Francia, donde la toma de la palabra realizada por los jóvenes universitarios se expresó mediante una gran producción de graffitis que cubrieron los muros de las universidades y de las calles ¾graffitis de autoría anónima que merecen atención por la profundidad de su mensaje: “El poeta arrancó la palabra”, “Profesores, ustedes nos hacen envejecer”, “Habla con tus vecinos”, “Abre las ventanas de tu corazón”, “Corre, compañero, el mundo está detrás de ti”, “La poesía está en la calle”, o el muy difundido: “Seamos realistas, pidamos lo imposible” (Im. 3). Las paredes  así apropiadas expresaban ese deseo de tomar la palabra, con mensajes llenos de poesía y de utopía¾, en México, esa toma de la palabra se efectuó principalmente mediante una gran producción de carteles, recogiendo la herencia del Taller de Gráfica Popular (TGP)[4]. De ello hablaremos en las líneas siguientes:
Cinco imágenes anónimas de las muchas que circularon a partir de la segunda mitad del año 1968 en la Ciudad de México, nos hablan de los acontecimientos que se suscitaban en esas fechas. En las cinco aparece la leyenda “México 68”, que formaba parte del logotipo empleado para anunciar los XIX Juegos Olímpicos que en ese año tendrían su sede en este país.
En cada una de ellas, delante del logo aparecen pequeñas pero significativas representaciones de la violencia que el Estado estaba empleando para reprimir las movilizaciones que desde el mes de julio de ese año venían realizando los jóvenes estudiantes como protesta, entre otras cosas, por el autoritarismo y la falta de libertades que se padecían en todos los ámbitos de la vida.
Los personajes que aparecen en estas imágenes, además del logo ya mencionado son: En la primera, un granadero con arma calada que atraviesa con su bayoneta a un joven que lleva un cartel en la mano. En la segunda se ve la paloma de la paz —que también formaba parte de los carteles promocionales de los Juegos Olímpicos— sacrificada en nombre de ellos mediante un puñal que la atraviesa y que en su punta derrama sangre. En la tercera otro miembro de las fuerzas armadas con aspecto feroz. En la cuarta el perfil de un gorila con casco, con el que se identificaba a los miembros del cuerpo de granaderos. En la última, el perfil del mismo gorila que deviene en el perfil de Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México en ese momento y por ende, considerado responsable intelectual de la represión. Los creadores anónimos se apropian de la iconografía oficial cambiando radicalmente el mensaje en una resignificación de la imagen (Im. 4).

4. Utilización del logotipo oficial de las Olimpiadas, 
con un mensaje resignificado.
La importancia estética de estas obras que vemos en un pequeño formato horizontal, radica no solamente en su capacidad de transmitir un mensaje tan impactante con tan pocos elementos compositivos, sino en la capacidad que tuvieron sus creadores de retomar los símbolos de un evento de importancia mundial como son las Olimpiadas —cuyo significado principal es la unidad de los pueblos en la paz— para subvertir los códigos y denunciar la total falta de libertad de expresión, el autoritarismo, la cerrazón de las autoridades gubernamentales y la represión de que fueron objeto los jóvenes involucrados.
Pero ¿Qué estaba sucediendo en 1968 en México y el mundo? ¿Qué fue lo que dio lugar a la aparición de estas y otras obras gráficas igualmente significativas? Veamos.


El contexto, los paradigmas

En la década de los sesenta, el mundo hegemónico se encontraba dividido en dos grandes bloques ideológicos: el bloque capitalista y el bloque socialista, enfrentados en una permanente “guerra fría” que involucraba a una gran cantidad de países en el mundo. En ambos bloques, el autoritarismo y la falta de libertades se manifestaban por igual en todos los ámbitos de la vida. En ambos casos, existía un absoluto control de la vida cotidiana por parte de las estructuras de poder, lo que generaba entre la población, sobre todo entre los jóvenes, una situación de descontento(Im. 5).

5. Uno de los carteles que circularon en México en el 68.
Por otro lado, lejos de las metrópolis, en las antiguas colonias europeas, algo estaba sucediendo. La pequeña isla de Cuba se había librado de la dictadura de Fulgencio Batista e iniciaba un camino independiente y prometedor; mientras que Vietnam estaba demostrando con su resistencia que era posible humillar y aún derrotar al poderoso ejército norteamericano. En ambos casos, se podía vislumbrar al pequeño David triunfando sobre Goliat. Hacia finales de la década, los ejemplos de estas dos pequeñas-grandes naciones, se habían extendido por el mundo gracias a los medios masivos de comunicación.
Esto sumado a la difusión de las ideas de los intelectuales críticos que tanto en los países del primer mundo como en los subdesarrollados, se pronunciaban en contra del orden imperante y a favor de la creación de posibilidades diferentes de relación no sólo entre las naciones sino también entre los individuos.
En México por ejemplo, en el círculo de estudiantes progresistas, se leía a José Revueltas, intelectual, novelista, activista, teórico político y miembro crítico del Partido Comunista; varias veces encarcelado por sus ideas y su práctica políticas. Revueltas concebía al arte como “...‘conciencia organizada’ superior a la del político (…) porque el arte por el campo más extenso que abarca y el área más amplia que ocupa en la sociedad y la historia ‘logra un área de influencia y de desarrollo mucho más importante que la simple política, que la simple economía, que la simple sociedad’”[5]. Revueltas no sólo libró una lucha constante contra la falta de libertades del sistema capitalista, sino que criticó los dogmas del Socialismo real y enfrentó a la dirigencia del Partido Comunista Mexicano, expresando sus desacuerdos con él. En 1968 Revueltas fue recluido en la Penitenciaría por su participación en el movimiento estudiantil (im. 6).

6. ...Quieren capturar nuestras voces, 
que no quede nada de nuestras manos, 
de los besos, de todo aquello que nuestro cuerpo ama... 
La palabra de José Revueltas en la imagen.
  Otro personaje que ejerció gran influencia entre los jóvenes mexicanos fue Eli de Gortari, filósofo, profesor en varias universidades del país y Rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, cargo del que fue destituido por sus ideas. Su apoyo a los jóvenes estudiantes en 1968, lo llevó también a ser encarcelado.

De igual forma, desde Francia se recibía la influencia de importantes intelectuales como André Malraux, arqueólogo, novelista, teórico de arte, activista político y funcionario gubernamental que en su juventud se unió a la lucha de los indochinos contra la colonización francesa. O la del filósofo Jean Paul-Sartre, importante figura del existencialismo, dramaturgo, novelista y periodista político cuyas ideas acerca de la elección como algo fundamental e ineludible en la existencia humana, fueron cardinales en el movimiento estudiantil de Francia. También las ideas de Simone de Beauvoir, intelectual y novelista, cuya vida y obra son tan importantes para el desarrollo del movimiento feminista mundial.
Por otro lado está la difusión de los ideales de luchadores sociales y revolucionarios que eran o habían sido en un pasado muy reciente, protagonistas de movimientos que acaparaban la atención mundial por su decisión de cambiar las condiciones de vida de las clases marginadas y de los pueblos del tercer mundo. Como Ernesto Ché Guevara, figura importantísima de la Revolución cubana, asesinado el 8 de octubre de 1967 en Bolivia[6], que se convirtió en un icono  para los jóvenes en el mundo. (Imgs. 7 y 8).




7. La emblemática imagen del Che Guevara 
 circuló en carteles por el mundo en manos de los jóvenes.















8. Los medios y la tecnología con la que se contaba en el momento 
al servicio de la palabra y la imagen.













O el ejemplo de Ho Chi-Minh máximo dirigente de la guerra anticolonialista que el pueblo de Vietnam había librado primero contra Francia y posteriormente contra Japón, y que en esos momentos enfrentaba una guerra completamente desigual contra la intervención estadounidense.

En cuanto a los luchadores sociales, podemos hablar de Martin Luther King quien encabezó la lucha pacífica por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos y que había sido asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, Tennessee. Todas estas ideas y experiencias que mencionamos calaban muy profundamente en las conciencias, y eran principalmente los jóvenes con o sin filiación política los que más fuertemente recibían el mensaje. Aún era posible soñar. Aún era posible la utopía. “Seamos realistas, exijamos lo imposible”, fue uno de los memorables graffiti que por decenas aparecieron en los muros de la Universidad de La Sorbona y de la ciudad de París durante aquel también memorable mayo de 68 (Im. 9)



Propalación de la palabra

La toma de la palabra encabezada por los jóvenes en 1968 , se extendió a países de casi todos los continentes y participaron diversos sectores de la sociedad. Es ese el rasgo que hace tan peculiar este momento. Se trata de un movimiento mundial, un movimiento global cuando el término globalización no era aún nada común.

9. La toma de la palabra en la Universidad La Sorbona, 
Francia, mayo de 1968.
En el Continente Europeo, las movilizaciones de Alemania, son organizadas por la Liga de Estudiantes Socialistas (SDS), presidida por Rudi Dutchke; la que además tiene filiales en los países vecinos. En Francia, Daniel Conh-Bendit, una de las cabezas más visibles de la revolución de mayo, se formó con el SDS. En Italia, fueron los Comités de Acción estudiantiles y obrero-estudiantiles quienes encabezaron el movimiento en 1967, que inicia en la Universidad de Turín y se propaga a 27 Universidades más. De igual manera, la efervescencia política alcanza a Bélgica, Inglaterra y Checoslovaquia.
En el Continente Asiático, los jóvenes zengakuren, izquierda radical del Partido Socialista Japonés, confrontan a la policía y se enfrentan con garrotes a los soldados de las bases norteamericanas. En el Continente Americano, la palabra tomada se hace escuchar en las propias entrañas del monstruo, el Free Speech Movement inicia tomando el campus de Berkeley, continúa con la ocupación y defensa de la Universidad de Columbia; y culmina en la conformación de la organización Estudiantes por una Sociedad Democrática, el SDS norteamericano. En Latinoamérica, las movilizaciones estudiantiles y populares llegan a Argentina, Brasil y Uruguay, además de México.
Si bien en cada país las movilizaciones adquirieron características propias y por ello también tuvieron desenlaces particulares, en todas ellas el denominador común fue el hecho de haber sido iniciadas e impulsadas por jóvenes, principalmente estudiantes de niveles medio y superior. Los jóvenes manifestaban su descontento con el statu quo imperante. Se rebelaban contra el autoritarismo en todas sus expresiones, Sánchez Vázquez lo expresa de la siguiente manera:
“[E]l cuestionamiento de la autoridad política se extiende a otras formas de autoridad que se dan no sólo en las relaciones entre el Estado y la sociedad, sino también en el seno de la sociedad misma: relaciones en la familia, entre los sexos, en la docencia, entre generaciones. En todas ellas, el poder, o micro poder autoritario es impugnado.”[7]
10. La palabra escrita como parte fundamental 
en la nueva iconografía.


Es ese autoritarismo el que se ve cuestionado mediante las imágenes arriba descritas y muchas más que circularon durante esos escasos tres meses en los que los jóvenes protagonizaron un coro de voces  creciente para reclamar más espacios de participación. En uno de los carteles producidos se puede leer: “Incorporación del joven de 18 años a la vida política del país”. Una frase que en el contexto, relacionándola con la rabiosa represión de que eran objeto por parte de los granaderos sin importar su edad, resulta de una cruel ironía. (Im. 10)



Asalto a la utopía

La utopía parte siempre de una crítica a la realidad para apuntar una propuesta de cambio que se proyecta al futuro, es en el futuro donde la utopía podrá tener concreción. La toma de la palabra en México fue un “nuevo asalto a la utopía”, no se trató de un movimiento importado, ningún movimiento podría ser una réplica fiel de lo que acontece en lugares lejanos aún cuando se compartan experiencias. Al respecto, el profesor M. Mayagoitia, en carta a Le Monde del 7 de octubre de 1968 escribe:
Se trata de un conflicto muy distinto al de mayo en Francia, En México no hubo prácticamente reivindicaciones escolares o académicas; sólo peticiones políticas; liberación de presos políticos, disolución del cuerpo de granaderos, destitución del alcalde de la ciudad (sic), del jefe de la seguridad […] ¿Puede hablarse de sólidas tradiciones democráticas cuando de hecho no hay más que un partido político? ¿Cuándo en las cámaras no se admiten candidatos de otro partido o sólo se aceptan algunos para dar la engañosa apariencia de una oposición?[8]


11. La ironía del texto en contraposición a la imagen.
Estas reivindicaciones políticas que abarcaban las demandas no solamente del sector estudiantil sino del resto de la población, se ven reflejadas en los carteles que por decenas se distribuyeron por la ciudad de México. Imágenes y textos llenos de ironía que develan la incapacidad del gobierno para dialogar, como este realizado con plantilla en donde se reproduce la escena de un joven sometido por dos granaderos que lo golpean, en la parte baja se lee la frase: “Año de la lucha democrática.” (Im. 11) La plantilla fue una técnica que por su facilidad de reproducción, fue muy utilizada en el Movimiento.


12. Demetrio Vallejo, líder ferrocarrilero encarcelado.

O este otro con la leyenda “¡Libertad a los presos políticos!”, que fue otra de las demandas del movimiento, en donde aparece el rostro de Demetrio Vallejo, líder ferrocarrilero que tenía 14 años encarcelado y que se convirtió en una figura emblemática. (Im. 12). En relación a esta misma demanda, podemos encontrar decenas de ejemplos de los que reproducimos algunos. En varios de ellos se entremezclan las imágenes con las frases que refuerzan el mensaje.

Se puede suponer que los dirigentes y muchos de los activistas del movimiento estudiantil en México estaban bien informados de lo que estaba sucediendo en Francia y otros países, sin embargo, la dinámica que allí adquirió la movilización, respondió a las condiciones sociales, económicas y políticas concretas que se vivían en el país.
Por otro lado, aunque aparentemente el movimiento se inicia con un hecho intrascendente (un viejo problema de rivalidad entre estudiantes de las Vocacionales 2 y 5 del Instituto Politécnico Nacional (IPN)* con los estudiantes de la Preparatoria particular Isaac Ochotorena, quienes a consecuencia de un partido de fútbol, protagonizaron una pelea que fue fuertemente reprimida por los granaderos (quienes, incluso irrumpieron en las instalaciones de las Vocacionales), la torpeza y sobre todo la fuerte represión gubernamental, aunada a su incapacidad por ofrecer una salida política al conflicto, hace que la indignación vaya creciendo entre los jóvenes y el movimiento se vaya radicalizando.


La radicalización


13. Los jóvenes hacían la analogía entre el cuerpo de granaderos y el gorila
La radicalización del movimiento como consecuencia de la represión de que fue objeto, se ve reflejada en el desarrollo de la gráfica que va haciendo eco de las demandas que se van sumando, como este grabado en el que se puede observar la exigencia de la desaparición del cuerpo de granaderos a los que los artistas anónimos identifican con el perfil de un gorila al que le colocan el casco característico de este cuerpo policial (Im. 13).

Y es que tanto entre los jóvenes como entre los trabajadores y en la población en general, existía ya un fuerte sentimiento de rechazo por las políticas sistemáticamente represivas ejercidas por el Estado, no sólo durante el gobierno de Díaz Ordaz sino desde mucho antes. Por ejemplo, durante los sexenios de Adolfo Ruiz Cortines y de Adolfo López Mateos (cuando el propio Díaz Ordaz era Secretario de Gobernación), se había reprimido fuertemente a los movimientos de trabajadores y campesinos. Ejemplo de ello son: la represión al movimiento magisterial (1956-1960), al movimiento ferrocarrilero (1958-1959) y el asesinato del líder campesino Rubén Jaramillo y su familia (1962). Con Díaz Ordaz ya en la presidencia se dio el aplastamiento del movimiento de los médicos (1965) y la ocupación militar de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1966), así como de la Universidad de Sonora (1967)[9]

14. Cartel colocado al lado de la propaganda oficial de Las Olimpiadas, 
sobre un autobús.
Mediante un análisis cuidadoso de la gráfica que por centenas se produjo durante el tiempo que duración de las movilizaciones, se puede conocer el derrotero que fue siguiendo el movimiento pues en los talleres de artes plásticas se trabajaba para trasladar las demandas a la imagen visual, creando así un debate iconográfico sumado al verbal para contrarrestar la propaganda oficial. (Im. 14)
Así como afirmábamos que las tácticas empleadas por los jóvenes, fueron diferentes en México y en Francia; de igual manera, las empleadas por los artistas en un país o en otro, tuvieron características propias. En México, en la efervescencia del movimiento estudiantil los profesores y estudiantes de arte, tanto de la Escuela Nacional de Artes Plásticas como de La Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, continuando con su tradición de lucha y participación en movimientos sociales, y, recogiendo la herencia del TGP, se dieron a la tarea de participar de la toma de la palabra a través de su producción plástica.


15. Ciclista portando el cartel de Vallejo en una movilización.
La palabra tomó los talleres que permanecieron trabajando día y noche para que a la mañana siguiente los carteles producidos se distribuyeran en las paredes de calles, escuelas, fábricas, mercados y autobuses; llevando a la población sus mensajes de dignidad y resistencia. Se pueden ver imágenes de la gente en las calles portando los carteles producidos, como esta en la que un ciclista porta el cartel de Vallejo en alguna de las múltiples movilizaciones (Im. 15).
Aprovechando la reproductibilidad técnica[10] que brindan las disciplinas de grabado como la xilografía, la linoleografía, la litografía y la serigrafía, cientos de carteles de diverso tipo, tamaño, técnica y calidad; fueron distribuidos por la ciudad. Carteles dotados de significado, en este caso el mensaje político. En algunos casos, la producción gráfica, además de cumplir con el cometido de llevar el mensaje, también cubre con las expectativas de un público más crítico y exigente en el terreno estético.
Todos ellos recurren a la figuración de diversa índole, desde un marcado realismo, hasta la interpretación más libre y la caricaturización. Su impresión en blanco y negro les imprime mayor fuerza expresiva. El Grupo Mira participante en el movimiento, diseñó y editó un libro titulado La gráfica del 68, en el que realiza una recopilación del material gráfico que pudo rescatar y en donde afirma:
La importancia de la producción gráfica del movimiento radica en su carácter testimonial y en las particulares condiciones en que se realizó (…) romper el cerco de mentiras y deformaciones, en el que se envuelve a la sociedad por medio de vastos aparatos de ideologización masiva, de difundir con imágenes la decisión de lucha y llamar a la participación (…) Para una de las acciones más significativas del movimiento estudiantil-popular, la marcha silenciosa, el edificio de la vieja “Academia de San Carlos”, se convirtió en un gran taller en el que alumnos, profesores, activistas del I.P.N., U.N.A.M., Normal, Chapingo y otras escuelas, trabajadores de imprenta, manuales y administrativos, trabajaron sin cesar –día y noche- para organizar y producir material suficiente, cientos de mantas, miles de pancartas, carteles y grabados cubrieron el acontecimiento. Durante el movimiento, la Escuela Nacional de Artes Plásticas se convirtió en un organismo vivo que supo asumir su responsabilidad social.8
El esfuerzo del Grupo Mira por recopilar la mayor cantidad posible de los materiales de propaganda que se produjeron durante el Movimiento del 68, es muy valioso; de otra manera, al ser un material producido con carácter momentáneo, se habría perdido la posibilidad de conocerlo hoy en día. La mayor parte de la gráfica producida en los talleres de la Academia de San Carlos en 1968 es de origen anónimo aunque en casos excepcionales se conoce el nombre de los autores. 

16. Xilografía de Adolfo Mexiac
Dentro de la gran cantidad de carteles producidos, podemos distinguir varios tipos de propuestas: una de minuciosa elaboración, excelente dibujo y técnica precisa que es herencia directa del estilo desarrollado por el TGP, cuyo ejemplo más claro es el grabado en linóleo de Adolfo Mexiac titulado “¡Libertad de expresión!” en el que se puede apreciar un rostro de rasgos autóctonos, cuya boca se encuentra sellada por una gruesa cadena y un candado, en la parte baja se puede observar el logotipo de los XIX Juegos Olímpicos. Un mensaje fuerte y directo que aún hoy día es utilizado con frecuencia durante las movilizaciones sociales (Im. 16).



17. Xilografía elaborada como a la maniera negra.
O el anónimo de excelente factura, una impactante xilografía, realizada como a la maniera negra, en la que se aprecia la escena de un hombre tirado en el piso rodeado por soldados que lo golpean. La composición desborda al marco en la parte inferior, acercando los pies de los militares hacia el espectador y dotando a la imagen de mayor profundidad. En la parte superior se puede leer el fragmento de un escrito de Thomas Mann. La semipenumbra en que se mueven todos los personajes hace que el mensaje sea más intenso y más directo (Im. 17). 





18. El estilo caricaturesco en el perfil de Díaz Ordaz.



Por otro lado se encuentran diseños con características que apuntan más hacia el cartel. Caricaturizados pero con un fuerte significado, como el muy conocido y reproducido, en el que se aprecia la mutación del perfil de Gustavo Díaz Ordaz, presidente en ese momento de México, hacia el perfil de un gorila con casco, símbolo del granadero. En la parte superior el mensaje político (Im. 18).



Además de la gráfica, se realizaron performances, happenings o Teatro de la calle, como comenta la actriz Margarita Isabel:
Nosotros decidimos recurrir a lo único que sabemos hacer: actuar. Dijimos “Vamos a tratar de hacerle comprender a la gente qué es el Movimiento, qué quieren los estudiantes, cuáles son los seis puntos, vamos a demostrar que no son vándalos ni salvajes”. ¿Cómo? Actuando […] comenzábamos a hablar en voz alta, de modo que la gente nos oyera. […] Por ejemplo yo llegaba a un puesto de periódicos y pedía un periódico y al instante llegaba también una señora muy nice, muy burguesa con sus aretitos, su collarcito de perlitas, de esas que hacen su mercado cada quince días, y que no era sino otra compañera actriz. Ella tomaba un periódico del estante y decía en voz alta, como tanta gente que comenta algo al comprar un periódico: —Estos estudiantes toda la vida haciendo nada más borlotes, miren nada más, y una que vive tan tranquila y tan pacíficamente en México sin meterse con nadie. A ver ¿qué es lo que quieren?— […] Se empezaba a juntar la gente […] muchas veces los espontáneos que intervinieron estaban mucho más politizados que nosotros y hacían una labor mucho más eficaz. Casi siempre todo el mundo acababa a favor mío y a “la catrina” le iba de la patada.9

Palabra musical



19. La cantautora Judith Retes en eventos del Movimiento.


20. La palabra hecha arte, canto y fiesta.



















La palabra cantada también reflejó la inconformidad por los acontecimientos. En Estados Unidos Bob Dylan, Joan Báez y Pete Seeger, elevaban sus cantos contra la guerra de Vietnam. En España el catalán Joan Manuel Serrat se negó a cantar en castellano su pieza La la la en el festival Eurovisión’68, Serrat junto con el cantautor valenciano Raimon, formaron en 1968 el movimiento artístico llamado Els Setze Judges (Los siete jueces), integrado por cantautores como el también catalán Luis Llac, traductor e intérprete del anarquista francés Georges Brassens. En México, los festivales de música fueron parte del movimiento, la cantante Judith Reyes dedicó su talento a la difusión del Movimiento a través de su música (Im. 19 y 20). La música de rock se volvió más crítica a partir de la masacre de Tlatelolco.

Los aportes




José revueltas fue considerado autor intelectual del
Movimiento Estudiantil y permaneció encarcelado
durante muchos años, junto a otros intelectuales.
Invitar a pensar y ser crítico es un delito.
En 1998, la revista Proceso documentó un dato interesante del que hasta antes no se tenía noticia y es el de que a finales de septiembre de 1968, se formó el Comité de Artistas e Intelectuales, convocado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, cuyo director sería el escritor José Revueltas. El Comité se proponía tomar en sus manos la tarea de difundir las causas que originaron el movimiento y denunciar la política represiva del gobierno. Proceso señala que se tenía información de algunos de los escritores participantes (Carlos Monsiváis y Juan García Ponce, quienes en esas fechas fueron entrevistados por la BBC de Londres), pero no de los artistas plásticos que se integraron al Comité en su momento.10 Es necesario señalar que dicho Comité nunca pudo entrar en función pues el 2 de octubre, el Estado decidió acallar todas las voces y poner un sangriento fin a cualquier intento de organización independiente. José Revueltas fue encarcelado (im. 21).
No es la intención de este trabajo realizar un recuento de los acontecimientos que sacudieron al mundo durante el año de 1968. Hechos que por lo demás, ya han sido suficientemente estudiados desde diferentes campos y desde diferentes ángulos políticos a lo largo de estos más de 40 años.11
Nos interesa, sin embargo, destacar varios aspectos de esta experiencia: a) fue un movimiento de jóvenes, con toda la energía, vitalidad, frescura e imaginación que la juventud puede aportar; b) su carácter mundial, en el sentido de que aunque con sus particularidades en cada caso, el movimiento abarcó tres continentes; c) la composición plural de los participantes, pues aunque en México no se pudo lograr el apoyo de la clase obrera debido en parte al gran control que el Estado ejercía sobre los trabajadores a través de las corporaciones oficiales como la Confederación de Trabajadores de México (CTM); en Francia por el contrario, los trabajadores apoyaron incluso mediante una huelga general que llegó a abarcar a cerca de nueve millones de trabajadores de diversas industrias de ese país; d) la clara rebelión contra todo tipo de autoritarismo: estatal, religioso, laboral, académico, familiar; e) la reivindicación de la moral y la ética como valores necesarios en las relaciones de todo tipo entre los individuos y; f) la decisión de romper el silencio, de salir a la calle venciendo los temores para exigir ser tomado en cuenta. Un deseo de dialogar con el otro, de hablar pero también de escuchar. Un deseo de transformar al mundo, con la certeza, que recalca Sánchez Vázquez, de que esto es algo no sólo posible sino deseable (Im. 22).

22. La fiesta de la palabra.

Para Michel de Certeau, la Revolución de mayo  fue “una especie de fiesta ¿cual liberación no es una fiesta?”. La fiesta de la palabra, la celebración de quien por fin decide salir a la calle para expresarse, para decir existo, no soy un objeto. Afirma que en este sentido, la palabra tiene la forma de un rechazo, es en sí misma una protesta y al mismo tiempo una negación de las normas en nombre de las cuales se pretendiera censurarlo. Es finalmente un acto de autonomía, que precede a la propia inscripción de la autonomía en el programa de una reivindicación universitaria o sindicalista. Esa fiesta de la palabra, representa una opción de cambio no en la concepción de la cultura, sino en la experiencia misma de decidirse a hablar, a tomar la palabra. Una experiencia que, comenta, no se debe perder, que no se debe poner entre paréntesis.
No podemos permitir que se limite a ciertas mejoras en las estructuras docentes o en los salarios de los trabajadores (resultados ciertamente apreciables), mientras que al sumergirse de nuevo una experiencia más fundamental solo dejaría el rastro de una inmensa decepción. No, no podemos dejarnos distraer así de lo esencial. Para nosotros, es una tarea reconocer su alcance verdadero, explicar su sentido, descubrir sus efectos prácticos y teóricos.12


Palabra silenciada

Después de aquel 2 de octubre, se desencadenó el caos dejando como saldo a cientos de muertos, cientos de desaparecidos y decenas de detenidos. La persecución que se desató en contra de cualquier persona sospechosa de “subversión”, alcanzó también a un buen número de intelectuales de izquierda, en una cacería de brujas interminable que provocó el silencio, la frustración, el miedo y la inmovilidad durante varios años.


23. La sombra de la impunidad se proyecta sobre México hasta hoy.



[1] Michel de Certeau, La toma de la palabra y otros escritos políticos, México, Universidad Iberoamericana, 1995. p. 39.
[2] La Plaza  de la Constitución ubicada frente al Palacio Naconal, sede del poder ejecutivo nacional,  flanqueada por la Catedral Metropolitana, representante del poder religioso, y por el Edifico de Gobierno, sede del gobierno de la capital. Era una verdadera fortaleza y lugar prohibido para las manifestaciones.
* Integrante del Cuerpo de Granaderos, policía antimotines que nació oficialmente en 1958, con la creación de la Primera Compañía de Granaderos. En 1968, los granaderos, junto con el Ejército, tuvieron un papel principal en la represión.
[3] Pancarta realizada con pintura sobre tela de manta para ser portada durante las movilizaciones.
[4] Formado en 1937 en la ciudad de México , por un pequeño grupo de artistas que compartían el ideal del trabajo artístico y el compromiso político. Realizaron una importante producción grafica en apoyo a movilizaciones sindicales, apoyaron a la República española contra el franquismo, se disolvió en 1952. Para leer sobre el tema: http://www.mexicodesconocido.com.mx/el-taller-de-grafica-popular1.html
[5] Citado por Adolfo Sánchez Vázquez en “La estética terrenal de José Revueltas”, en Ensayos sobre arte y marxismo, México, Grijalbo, 1984, p. 188.
[6] En 1961, El Ché Guevara escribió Relatos de la guerra revolucionaria en Cuba, que tuvo amplia difusión y aceptación entre la izquierda y sobre todo entre los jóvenes.
[7] Adolfo Sánchez Vázquez, “El movimiento del 68”, en Entre la realidad y la utopía Ensayos sobre política, moral y socialismo, México, UNAM/FCE, 1999 p. 91
[8] Citado por Elena Poniatowska en, La noche de Tlatelolco, México, Ed. Era, 1971 (2ª. Ed., 1998) p. 20.
* La segunda más importante Institución de Educación media superior y superior en México, después de la Universidad nacional Autónoma de México.
[9] Para ampliar la información sobre este tema, se puede leer el artículo de Raúl Jardón, “La represión en México: 1950-1971”, en Rebeldía num. 2, diciembre de 2002, pp. 57-65.pp.
[10] Walter Benjamín. La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica.
8 Grupo Mira, La gráfica del 68. Homenaje al movimiento estudiantil, México, UNAM/Zurda, 1982 (3ª. Ed., 1993), p. 15.
9 Citado por Elena Poniatowska, op. cit., p. 30.
10 Ana Cecilia Terrazas, “De un archivo olvidado de la BBC: Hace 30 años documentó el surgimiento del Comité de Artistas e Intelectuales”, Proceso 1143, 27 de septiembre de1998, p. 56
11 Para conocer más acerca del movimiento estudiantil de 1968 en México, recomendamos la lectura del libro México 68: Juventud y Revolución, de José Revueltas, México, Era (Décima reimpresión: 2008), 352 pp. Para comprender las repercusiones de este movimiento, sugerimos la lectura de la conferencia “El movimiento del 68”, que presentó Adolfo Sánchez Vázquez durante la celebración de los 25 años de ese movimiento y que se encuentra reproducida en su libro Entre la realidad y la Utopía. Ensayos sobre política, moral y socialismo, citado en este artículo. De igual forma, para entender el movimiento en Francia, recomendamos la lectura completa del libro La toma de la palabra y otros escritos políticos, de Michel de Certeau.
12 Michel de Certeau, op cit, p. 42.

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