Angustia.
Talla directa en madera de fresno.
Herida I: Angustia:
La primera herida se localiza en el lado
izquierdo del pecho, justo en el lugar que ocupa el corazón.
Corresponde a las heridas del corazón.
Las heridas provocadas por la pérdida de cualquier ser querido: el padre, el
esposo, el hijo, el hermano o el amigo muertos. El padre, el esposo, el hijo,
el hermano o el amigo perdidos o desaparecidos. El que estuvo y ya no está, El
que está pero no se sabe dónde, o está “en el otro bando”, que es peor que si
no estuviera.
Las heridas del corazón, también
provocada por todo lo que te acarreó la guerra. Por los sueños perdidos. Por lo
que fuiste y ya no serás—una Luciérnaga, tal vez—. Por lo que quisiste pero no
pudiste ser —una Maga, por ejemplo—. Por los que amaste que ya no verás.
Ultraje.
Talla directa en madera de pirul.
1997.
Herida 2: Ultraje:
La viven las mujeres principalmente y
está en las entrañas.
Son la heridas provocadas por el ultraje,
la vejación,… la violación. La humillación de verse convertida en botín de
guerra. La rabia de saber que ese ultraje se puede materializar en un nuevo ser
que será testimonio vivo y recuerdo constante del momento en que se realizó.
Amnistía Internacional (AI) denunció que
para las mujeres en Egipto protestar puede convertirse en un gran riesgo.
Durante seis días se reportaron 180 casos de abusos sexuales.
No nacido
Talla
directa en jacaranda, cuerda.
53
x 40 x 30 cm.
1998.
Herida 3: No nacido:
Son las heridas provocadas a los seres
que nunca fueron, a los que no sobrevivieron. Los niños que nunca nacieron
porque la madre no los alcanzó a parir. Los cientos de niños que mueren a
diario por enfermedades curables —a las que hay que agregar ahora la enfermedad
de la guerra— antes de alcanzar los 5 años de edad. Los que no pudieron ser
porque sucumbieron junto con sus madres un 22 de diciembre de 1997 en la
comunidad de Acteal a manos de los paramilitares que sin ningún rasgo de
humanidad, los arrancaron de los vientres —quizá aún vivos— que los albergaban
y daban vida.
Encierro.
Talla
directa
(madera vieja), acrílico, metal.
153
x 53 x 53.
1998.
Herida 4: Encierro:
Es la libertad coartada, la mano
crispada, el hombre tras las rejas. Como si a los sueños y a las ideas se les
pudiera aprisionar, se les pudiera poner candados. Es todo lo que tus manos
dejaron de hacer, tu trabajo perdido, tu casa saqueada, tus pertenencias
robadas, tu intimidad sorprendida, tu cuerpo torturado.
Es también la solidaridad exterior, la
que rompe las barreras, la que borra los muros y permite que a pesar de todo te
muevas libremente por el mundo, que a pesar de todo tus manos y tus ideas se
extiendan y lleguen tras de otras rejas en otros lugares para enlazarse y
formar una cadena contra la que nada pueden hacer.
Los hijos, padres y esposas de 5 de los Presos Loxicha, nos dimos a la
tarea de organizar la 2a, Brigada de Acompañamiento a los Familiares de los
Presos Loxicha, para exigir el ingreso al CEFERESO No. 6 que se ubica en
Huimanguillo, Tabasco., y comprobar si verdaderamente se encontraban ahí y en
qué condiciones se encontraban....
¿Cuántos más?
Instalación (madera vieja, espejo, metal).
Medidas variables.
1999.
Herida 5: ¿Cuántos más?
La masacre es la expresión más sangrienta
de la Guerra de Baja Intensidad. La consigna de “quitarle el agua al pez”,
encuentra en ella su forma más cruel: acabar con la base social de un
movimiento, en este caso con la base social del EZLN. No importa quiénes sean:
ancianos, hombres, mujeres embarazadas, enfermos, niños; lo importante es
arrasar con ellos, acabar con la semilla de la insurrección. “Si se le acaba el
agua al pez, el pez se muere”, ¿Guatemala? ¿Kaibiles? No, aunque usted no lo
crea estamos en México y no es la primera vez que sucede. Sucedió una vez más
el 22 de diciembre de 1997 en Acteal, un pequeño poblado del municipio de
Chenhaló, en Chiapas, habitado por integrantes de la sociedad civil “Las
abejas”.
No es la primera vez y
sin embargo, el grado de saña empleado en el crimen de Acteal supera en mucho a
la imaginación más sádica “Rosa Gómez estaba embarazada cuando cayó moribunda
en la explanada del campamento. Sus asesinos llegaron hasta ella para
rematarla. Y uno de ellos, “con un cuchillo —relata un testigo y hace un ademán
de puñalada que inmediatamente reprime con un temblor—, le sacó su niño y lo
tiró allí nomás”.” (Bellinhausen, La Jornada, 24/dic./1997).
Trauma.
Talla directa en jacaranda.
120 x 50 x 50 cm.
1998.
Herida 6: Trauma:
Son las heridas mentales, las secuelas psicológicas provocadas por el horror vivido. Son una conjunción y consecuencia de todas las heridas anteriores. Son todas las heridas juntas. Son, junto con las del corazón, quizá las más difíciles de superar. Se requieren años para sanar. Se requieren años o la muerte para olvidar… Sólo la esperanza te puede aliviar.
La del alma.
Construcción (viga, espejo, metal).
180 x 30 x 20 cm.
1999.
Herida 7: La del alma:
Es la última herida. Está en todas partes
y se refleja en un espejo. Un espejo roto en mil pedazos. Cada uno de esos
pedazos te devuelve una fracción de tu propia imagen fragmentada, descompuesta,
distorsionada. ¿Pensaste que esta guerra no te tocaría? Pues te equivocaste. La
guerra está en todos lados y ya te alcanzó. Ya nos alcanzó a todos. Puedes
creerlo o no. Puedes sentirlo o no. Puedes decidirte a hacer algo para pararla
o no. Lo que no puedes hacer es ignorarla porque si aún no la percibes tarde o
temprano lo harás. Tarde o temprano vivirás sus horrores. Y lamentarás, tal
vez, no haber hecho nada para detenerla.
La terca Esperanza.
Construcción-instalación (Viga, espejo metal).
1999.
La terca Esperanza.
Está frente a ti, a tu lado y tras de ti.
¿La ves? Acércate y observa. Es otra vez un espejo, una vela de espejo que
empuja a una vieja y destartalada nave. La vieja y destartalada nave de la
Esperanza. Es una vela de espejo que te devuelve tu imagen pero ahora completa y reflejada en otro
espejo, tu imagen multiplicada. La imagen de tu vecino, la de tu hermano, la de
los cientos que somos multiplicados por miles. La de los miles convertidos en
millones por todo el mundo. “Volveré y seré millones”, cuenta la leyenda que
fueron las palabras que pronunció Espartaco cuando fue capturado y crucificado
por el Imperio romano. Seremos millones cuando tú te decidas a poner tu granito
de arena. Cuando esos millones que somos nos decidamos a marchas juntos de una
vez. Entonces se cumplirá por fin la profecía:
CUANDO AMAINE LA TORMENTA, CUANDO LLUVIA
Y FUEGO DEJEN EN PAZ OTRA VEZ LA TIERRA, EL MUNDO YA NO SERÁ EL MUNDO, SINO
ALGO MEJOR.
Subcomandante I. Marcos.
La intensidad
de la guerra
Alberto
Híjar
<<“Siete heridas y una esperanza>> subtitula Carmen Martínez
Genis al conjunto de esculturas en madera expuestas en el Foro Cultural La
Pirámide. El título principal es Guerra de baja intensidad y recuerda el fatídico
número 22 con su inauguración en enero y clausura en febrero, a fin de mantener
en la memoria la masacre de Acteal de diciembre de 1997.
Carmen Martínez Genis ha decidido ofrecer su
obra al esclarecimiento de la verdad social, pero evita el panfleto a fin de
conseguir, con recursos estrictamente escultóricos, dar a entender la guerra de
baja intensidad incorporada por la globalización capitalista a nuestra vida
cotidiana.
Para ello, significa los bloques de madera con
incisiones, heridas y cortes con el objeto de producir una gran metáfora de la
inclusión de la brutalidad en nuestras vidas. Recurre a las instalaciones
cuando descubre la complejidad circundante donde la violencia irrumpe sin
avisar hasta el punto de instalarse en el umbral de la fatalidad. A fin de no
hacer de ésta destino manifiesto, Carmen combina tersuras con texturas aparentemente naturales, de tal modo de
hacernos sentir ese continuo vaivén de la guerra declarada por los neoliberales
a los pueblos desprevenidos e indefensos.
Carmen sabe acentuar los dominios sentimentales
en la aparente normalidad, y así contribuye a abrirle paso a la verdad exigente
de todas las formas de
significación para mantener el alerta máximo entre la desesperanza y la urgencia de la lucha popular.
A manera de invitación, Carmen Martínez reprodujo a color la pieza
figurativa de la muestra que no es más que un pedazo de tronco tallado en uno
de los extremos de un ser humano con los ojos cerrados y la boca entreabierta.
El carácter doliente de esta pieza, dota de sentido al conjunto porque evita la
reducción de las otras esculturas a meros encuentros fortuitos de ruptura y
agresión. La totalidad resulta elocuente en su sentido buscado con los
cortes en la madera natural, sin
más tratamiento que el orientado a hacer sentir el dolor y la furia.
Gracias a estos recursos, Carmen Martínez
supera la tendencia panfletaria y la abstracción de tan general, irrelevante. Ciertamente es necesario el panfleto ante el silencio de los medios respecto
a las tragedias populares, pero su efecto se agota de inmediato en la marcha,
el plantón y el mitin, mientras las obras perdurables no sólo remiten a las
situaciones indignantes concretas, sino van más allá de ellas. En su
exposición, Carmen Martínez incluyó textos breves y sustanciosos sobre Acteal
para inducir la lectura de las obras, pero no hasta el punto de reducirlas a
una lectura ilustrativa.
Por tanto, la exposición consigue cumplir con
su propósito al llamar la atención sobre la guerra de baja intensidad característica
de la economía política gobernante empeñada todo el tiempo, y con todas las
formas de lucha, en mantener al pueblo sacrificado, silencioso, manipulado,
vencido.
El alerta de Carmen Martínez constituye una
parte del sujeto combativo popular que no olvida ni perdona, sino mantiene
expuestas las heridas y con ellas la esperanza de su restañamiento histórico.
Publicado en Desvelos, el 12 de febrero de 1999.







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