Cristal, madera, corteza de frutos.
Medidas: 10 x 9 x 9 cm.
Año 2012.
La cueva del deseo.
Pasó hace muchos años. Es una historia de un amor que no fue, que se quedó así nomás. Es una historia triste... y terrible,... "Vino de lejos un hombre. Vino o ya estaba. No se sabe (...) Los indígenas lo llamaban El jolmash o Cara de mono; los extranjeros lo nombraron El animal...
...El jolmash se enamoró o pensó que se enamoró. Y no era su amor algo idealizado o platónico, era bastante terrenal, y el llamado a los sentidos que llevaba era como tambor de guerra, como relámpago que se hacía lluvia fiera. La pasión le tomó la mano y El jolmash empezó a escribir cartas, cartas de amor, letrado delirio que le llenaba las manos. Y escribió, por ejemplo,
"¡Ah, señora del húmedo destello! Un potro soberbio se torna el deseo. Espada de mil espejos es el ansia de mis ganas por el cuerpo vuestro, y en vano desgarra su doble filo los mil jadeos que en el viento marchan. ¡Una gracia, largo desvelo! ¡Una gracia os pido, señora, malogrado reposo de mi gris estancia! Dejadme llegar a vuestro cuello. Dejad que a vuestro oído trepe mi torpe ansia. Dejad que mi gana os diga quedo, muy quedo, lo que mi pecho calla. ¡No miréis, señora tan no mía, la pobre facha que adorna mi cara! Dejad que vuestros oídos mirada se hagan, ceded los ojos para mirar los susurros que caminan en mi vientre, anhelo del vientre vuestro. Sí, entrarme quiero. Caminaros con suspiros la ruta que manos y labios y sexo desean. Por entre la boca, húmeda ella y yo sediento, entrarme con un beso...
¡Una gracia, cansancio prometido! ¡Una gracia os pido, señora del suspiro quedo! ¡Dejadme llegar a vuestro cuello! En él me salvo, lejos muero..."
"Un pirata soy ahora, señora de anhelado puerto. Mañana, soldado en guerra. Hoy, marinero extraviado en árboles y tierras...
Barco seré y agitado mar, para que en vuestro cuerpo me entre. Y no habrá descanso entre tanta tormenta, agitados los cuerpos por tanta caprichosa ola (...) Un pirata soy ahora, señora de tierna tormenta. ¡No esperéis mi asalto, venid a él! ¡Que sean testigos el mar, el viento y esta piedra que navío se hizo!..."


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